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  • EFE Reportajes

La mayoría de los niños sueñan con parecerse a sus estrellas del cine o la televisión. El problema de Miley Cyrus es que, desde pequeña, ella era la estrella, un icono de juventud, belleza y poderío adolescente que le llevó durante años a arrastrar a su alter ego, Hanna Montana, con más ímpetu que a su propio yo.

Si Hanna Montana era un fenómeno ficticio que vivía una doble vida, Miley Ray Cyrus es una persona real que a los trece años ya tenía más seguidores de los que nunca se pudo imaginar la factoría Disney: solo el día del estreno, la serie de televisión acaparó la mayor audiencia jamás vista para un show de la cadena infantil.

Con ella nacía otra estrella Disney, pero, a diferencia de las anteriores, Cyrus se convirtió en la primera artista “multimedia” con ofertas de televisión, cine, productos y música a la vez dentro de The Walt Disney Company.

La transformación

Debutó en televisión con 9 años en la serie “Doc” y participó en su primera película con 11 (“Big fish”) antes de convertirse en Hannah Montana, papel que encarnó de los 13 a los 17 años.

Hace dos que la artista dejó atrás la etapa Disney y, cansada de parecer la niña perfecta, pelea por sacarse de encima sus frustraciones.

“Odio que se piense que soy un producto. No soy una muñeca. Tengo mi propia opinión, mis propios gustos”, confesó en 2010 cuando se preparaba el adiós de “Hannah Montana”.

En su camino hacia la edad adulta, la cantante y actriz de Nashville, Tennessee, ha sido protagonista de un montón de excesos, desde posar semidesnuda e insinuar que fumaba marihuana a aparecer en varias fotos visiblemente bebida y bailado de mala manera en una discoteca. En eso también emulaba a otras exniñas Disney, auténticas muñecas rotas a las que el éxito precoz torció brillantes carreras artísticas, véase el caso de Britney Spears, Christina Aguilera, Lyndsay Lohan o Demi Lovato, por nombrar solo a algunas.

El último escándalo

Su última aparición polémica en televisión fue un número de baile para la gala de los premios MTV con el que la rubia dejó boquiabiertos a los espectadores, incluidos a los hijos del actor Will Smith que se encontraban entre el público.

La directora de comunicaciones de Parents Television Council, Melissa Henson, comentó a Efe tras esa actuación, en la que Miley frotaba su trasero contra la entrepierna del cantante Robin Thicke, que la exniña Disney estaba enviando un mensaje nada positivo a miles de niños y adolescentes que tenían a Hanna Montana como ídolo.

“Muchos niños crecieron con Miley Cyrus, ella era Hannah Montana y siguen de cerca su carrera. El mensaje que recibieron de esta interpretación fue muy desafortunado porque les estaba diciendo que la única forma de rebelarse es siendo activos sexualmente”, comentó Henson. Está claro que Cyrus quiere reafirmar su nueva identidad a toda costa pero no necesita ya demostrar su talento vocal o su destreza como bailarina, habilidades indiscutibles que le sirvieron en el pasado para vender millones de discos y que ahora adereza con grandes cargas de profundidad erótica, aunque a su novio, el actor Liam Hemsworth, no le haga nada de gracia.

Su representante, Larry Rudolph, ha explicado a este respecto que Cyrus está madurando de forma “orgánica” sin que haya ningún plan detrás, y que lo que ella muestra ahora es su verdadera naturaleza: una gran artista capaz de hacer la transición más difícil, que no todos consiguen, como Rudolph sabe bien, pues también tuvo como cliente a otra celebrity, Britney Spears.

 

Siguiendo malos pasos

Son grandes artistas, eso nadie lo discute, dotadas con voces prodigiosas y preciosas caras y cuerpos, pero sus excesos les han llevado a protagonizar tantas portadas como sus megaéxitos profesionales.

Britney Spears fue la primera en sacudirse la infancia: se rapó la cabeza, besó apasionadamente a Madonna, se casó y se divorció, perdió la custodia de sus hijos y acabó tutelada por su padre pese a su mayoría de edad entre continuas acusaciones de excesos con las drogas y el alcohol.

La ratoncita Christina Aguilera tuvo igualmente su dosis de escándalo: después de su divorcio del productor Jordan Bratman, comenzó a beber demasiado, protagonizó peleas y fue arrestada varias veces por desorden en la vía pública y conducir con exceso de velocidad y bajo los efectos del alcohol.

En este triste ranking hay que guardar un lugar destacado para la precoz actriz y cantante neoyorquina Lindsay Lohan (comenzó su carrera a los 3 años y debutó como protagonista a los once en “The parent trap”, 1998) que cuenta con un largo historial de comparecencias ante el juez por posesión de drogas y conducir ebria, entre otras.

Aunque Miley Cyrus parece ahora querer tomar el cuestionable relevo a sus hoy treintañeras antecesoras, la realidad es que su polémica actuación no solo ha servido para que todo el planeta hable de ella sino que, según la revista Forbes, ha subido su actividad en las redes sociales en un 112%.

Cyrus logró esa noche 226,273 nuevos fans en Facebook (donde supera los 28 millones de ‘me gusta’), y 213,104 nuevos seguidores en Twitter donde bordea los 13 millones de “followers”.

Quizá Montana no haya dejado aún de jugar con su público...