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Corresponsal en San Francisco

El 12 de octubre de 2008, Día de la Raza, quedará en los anales de la historia de la comunidad nicaragüense del norte de California, como la fecha de mayor concentración multitudinaria en que han participado para disfrutar y celebrar en grande sus raíces culturales, música y folclor.

Rebasando todas las expectativas sobre la asistencia, más de 2 mil pinoleros se dieron cita en el parque Swiss, en Newark, 36 millas (55 Km.) al sureste de San Francisco, para ser parte del evento nica bautizado por su promotor, el granadino Bosco Vega, como el “Primer Festival Viva Nicaragua”, con el lema: “Música, Cultura y Tradición”. El Festival se convirtió en 9 horas de maratónica celebración para todas las familias que se desbordaron de todos los puntos de esta área preferida por los nicas.

EL NUEVO DIARIO, único medio de prensa escrita e internacional que estuvo presente, llegó desde horas tempranas de la mañana para no perder detalles de este fabuloso Festival. Fuimos testigos de cómo los paisanos y paisanas instalaban enormes ollas llenas de nacatamales, baho, vigorón y otras comidas nacionales con cocinas portátiles.

La entrada del parque estaba adornada con un semi arco de chimbombas con el bicolor patrio. Luego llegaban los primeros asistentes y más tarde se formó una enorme fila de al menos una cuadra para poder entrar, con la esperanza no sólo de gozar el momento, sino de llevarse el primer lugar en la rifa que ofrecía el Festival: un pasaje ida y regreso a Nicaragua.

En un sector lateral del parque, comerciantes nicas instalaban módulos para exhibir y ofrecer sus productos en promoción. Y lo prometido por el promotor Vega fue deuda que pagó.

Después de que todos los presentes entonaran reverentes el Himno Nacional, la pachanga arrancó a las diez de la mañana con Carlitos del Sol y su swing, y el grupo Área 502, quienes encendieron la mañana con salsa y despertaron a uno que otro semidormido por algún descarrío de la noche anterior. El espectáculo fue sin parar, con gozo a plenitud, añoranza por el terruño lejano; y como dice la canción, con una que otra lágrima cayendo por la mejilla, se escucharon guitarras punteando el segundo himno de la patria, obra del genial Justo Santos, “La Mora Limpia”.

Los mejores exponentes del baile folclórico nica salieron a la pista en medio de estruendosos aplausos y los gritos de ¡Viva Nicaragua, jodido!
Sus integrantes, niños y niñas, muchos adolescentes y otros más maduritos, la mayoría nacidos aquí pero con el sentimiento pinolero y sangre nica en sus venas, interpretaron magistralmente sus respectivas faenas artísticas con la música de marimbas resonando en el ambiente.

Así desfilaron entre otros, el Ballet Sacuanjoche, de doña Dominga Gómez, quien recibió un reconocimiento consular por sus 10 años de difusión del folclor nacional a nuevas generaciones; así como Nicaragua Viva, de Ena Prado, una joven maestra de baile que le enseña gratuitamente a muchos niños, pero con pocos recursos para comprar los trajes típicos.

El grupo Nicarao, de Francisco Silva, también hizo una exitosa presentación.

En más de lo nuestro y haciendo del disfrute de grandes y chicos se presentaron El Viejo y la Vieja, e igualmente La Gigantona y El Enano Cabezón. También fue atractivo un concurso de baile de Palo de Mayo. En una nueva pausa en el Festival, los organizadores de éste, representados por su promotor principal, Bosco Vega, hizo entrega de una placa de reconocimiento por su labor comunitaria al reportero del noticiero local del Canal 14, el granadino Flavio Lacayo.

Los maestros de la música, los amos del ritmo ritmazo, fueron los encargados de poner el broche de oro al evento, empezando con la popular orquesta Son de Caña, la gente de la salsa con elegancia, que encabezan como líderes Raúl Montcriffe y Erasmo José Solórzano, continuando de inmediato la legendaria orquesta Los Ramblers, de los inseparables hermanos Ibarra.