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El Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad, TDAH, es una condición médica observada desde el siglo pasado, pero reconocida y aceptada como un trastorno hasta hace poco tiempo; es más, se decía que era un problema de la infancia y la adolescencia, y que al superarse ésta, las manifestaciones desaparecían.

Sin embargo, investigaciones recientes nos muestran que cerca del 67% de los niños diagnosticados con TDAH continúan presentando los síntomas del trastorno en su vida adulta. Éstos interfieren significativamente en su vida social, familiar, laboral y académica. Los síntomas principales del TDAH como inatención, impulsividad, hiperactividad, aparecen en la infancia (usualmente entre los tres y cuatro años) y resultan un patrón crónico que deteriora su desempeño.

El TDAH en los adultos es visto como un “Trastorno Escondido”, porque los síntomas del TDAH frecuentemente se ocultan detrás de problemas con los compañeros de trabajo, relaciones familiares y conyugales muy difíciles; problemas en el desempeño de su trabajo, cambios de humor, abuso de drogas y alcohol y otras dificultades psicológicas.

El TDAH es una patología muy compleja, por eso se recomienda que debe ser diagnosticado por un profesional calificado y con experiencia. Algunos adultos piensan que pueden tener un TDAH porque tienen problemas de depresión, ansiedad, abuso de sustancias o impulsividad. Otros piensan que tienen un TDAH cuando uno o varios de sus hijos vienen diagnosticados con esta enfermedad y comparan los síntomas de lo que observa en sus hijos con lo que él sufre.

A los adultos no se les ocurre que ellos siendo ya padres y profesionales puedan tener una patología igual a la que tiene su hijo. Las primeras reacciones son de negación total: algunos después que analizan en detalle su comportamiento admiten que pueden tener la enfermedad, pero continúan reacios a recibir cualquier tratamiento médico.

Julia es una jovencita de 21 años de edad, con una niña de tres años y eterna estudiante. Digo eterna porque este año se matriculó por cuarta vez en una universidad diferente y en una carrera diferente, de la cual aún no está segura si realmente le gusta.

De niña tuvo todas las manifestaciones del TDAH. Comenzó a manifestarlo a los 3 años, época en la cual inició las clases de primer nivel. Su madre era llamada frecuentemente al colegio porque su hija era muy agresiva con sus compañeritos, no obedecía a la maestra y tenía dificultades para colorear y coger el lápiz. La maestra la notaba muy desatenta. Este comportamiento empeoró a lo largo de los años: las dificultades en la lectoescritura eran evidentes, en casa su cuarto estaba siempre en desorden, muy desobediente, muy confrontativa con sus padres, y les comenzó a exigir que la llevaran a fiestas. A la hora de retirarse, ella quería ser la última en partir; y si los padres se oponían, armaba un alboroto tremendo.

No logro entender cómo fue pasando los años, pero a los 16 ya se había bachillerado; hija única muy consentida por los padres, los cuales se sentían culpables para con su hija porque pensaban que su divorcio la había afectado mucho.

Julia se aprovechaba de esta situación y se confrontaba mucho con su madre, porque ésta quería imponer orden en la casa. Sin embargo, Julia llamaba al padre y la orden venía anulada. Esta situación fue bien aprovechada por Julia, comenzó a fumar, a ingerir licor y a salir con un grupito de amigas.

A los 17 años Julia ya se drogaba: comenzó usando marihuana y luego se pasó al crack y cocaína. Lógicamente sus padres se enteraron, pero ya Julia tenía más de un año de estar usando drogas y había desarrollado dependencia hacia ellas, por lo que sus padres decidieron ingresarla en uno de esos centros de desintoxicación. Julia se retiró de las drogas, las cuales ahora usa muy esporádicamente; pero dice estar en el plan de que las quiere dejar definitivamente.

A pesar de estos avances Julia es una joven impulsiva, quiere que le resuelvan las cosas de forma inmediata. Es muy lábil emocionalmente, tiene problemas para poder dormir; es muy manipuladora con su madre, y confusa: no sabe muy bien qué es lo que quiere de la vida. Las responsabilidades de su hija aún no logra asumirlas y no está segura que la carrera que sigue realmente le gusta.

El crecimiento de niños y adultos con TDAH y el renovado interés en las investigaciones, han contribuido en la identificación del desorden en niños y adultos. Muchos adultos crecieron en una época en que los médicos, los educadores, los padres y el público en general conocían casi nada del TDAH: cómo identificarlo, diagnosticarlo y tratarlo.

En consecuencia del actual conocimiento de la población de la patología, información que generalmente les está llegando por los medios de comunicación, la televisión, la radio e internet, ha hecho que la gente tome más conciencia, que al ver estos síntomas en sus hijos los lleven al médico. Asimismo, los adultos vienen tomando conciencia que ellos también pueden sufrir esta patología, y por lo tanto necesitan ver al especialista y recibir tratamiento.


Síntomas más comunes del TDAH
Los síntomas principales del TDAH con frecuencia están asociados a problemas y consecuencias que coexisten en los adultos con TDAH. Le voy a dar una lista de estos problemas para que usted los analice y vea si los padece. De comprobar que los presenta, le recomiendo visitar al especialista, porque usted probablemente esté padeciendo un Trastorno de Déficit de Atención.

* Problemas con el autocontrol y regulación del comportamiento.

* Deficiente memoria en su trabajo.

* Deficiencia en la persistencia de los esfuerzos para realizar tareas.

* Dificultades en la regulación de emociones y motivación.

* Variabilidad mayor a lo normal en el desempeño durante el trabajo.

* Baja percepción del paso del tiempo.

* Baja autoestima.

* Cambios de humor repentinos.

* Problemas en las relaciones interpersonales.

* Abuso de sustancias (alcohol, drogas) y sexo.

* Comportamientos riesgosos.

Estos síntomas del TDAH pueden variar de leves a graves respecto a su impacto en la vida social, familiar, laboral y académica, así como su funcionamiento en la vida diaria.

Las investigaciones indican que el TDAH se presenta entre un tres y cinco por ciento de la población de niños en edad escolar, y aproximadamente entre un dos y un 4 por ciento en adultos. En la infancia se presenta en una relación de 3 niños por cada niña. En los adultos la relación es de 2 a 1 ó menor. El Trastorno de Déficit de Atención es una condición médica que existe en todo el mundo.

La importancia de identificar un TDAH en un adulto es porque su sintomatología y comportamiento pueden tener efectos desastrosos en la vida de esta persona. Para algunos el simple hecho de saber que tienen un diagnóstico de TDAH les ayuda a comprender por qué se comporta de una determinada forma, que puede ser una experiencia enormemente curativa. El diagnóstico les puede ayudar a los adultos a poner sus dificultades en perspectiva y entender las razones para muchos de los síntomas a lo largo de su vida.


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Dr. Javier Martínez Dearreaza.

Universitá degli Studi di Pavia-Italia.

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