•  |
  •  |
  • END

El reloj aún no marcaba las ocho de la noche, hora en que se anunció el inicio del concierto, y en el área de preferencial ya no alcanzaba un alma más. Mientras llegaba el momento esperado desde noviembre de 2004, cuando los argentinos visitaron por primera vez el país, los asistentes tuvieron que conformarse con la música de otros artistas como Nirvana, Nightwish y My Chemical Romance. Al mismo tiempo los “camisetas negras” aprovechaban para ponerse al día con viejos conocidos, ir al baño y comprar bebidas.

Una noche de premios
Durante la espera de la salida de los roedores, los animadores del concierto se encargaron de entretener al público con concursos de canto. Por ello, un joven moreno cantó muy a su modo y propio ritmo el clásico coro de “Mujer amante”, una de las canciones más conocidas del grupo. Como premio ganó un pergamino autografiado por los argentinos.

El grupo de Masaya, Contrapeso, ya estaba listo para salir a escena. Apenas subieron al escenario a eso de las nueve y media, y ya los bomberos y policías que se encargaron de guardar el orden esa noche, al ritmo del sencillo “El número complejo”, registraron al primer joven desmayado por la presión y el alcohol.

Desde la tarima, Juan Montenegro, vocalista del grupo nacional, agradeció los aplausos de aquellos que no rechazaron su música “suave”, la cual dejó al público con los brazos cruzados mientras cabeceaban tímidamente en señal de aprobación; y a otros buscando más bebidas. Sin embargo, el cantante lamentó que algunos les hayan lanzado cosas al escenario.

Finalmente, las motos se hicieron presentes; y las modelos con ropa ajustada de color negro también. El motivo era sólo uno: cumplir la promesa de entregar los dos vehículos. El silencio reinó por unos minutos, mientras Claudia, una muchacha de estatura promedio y delgada, se encargaba de sacar los dos números ganadores.

El número 00024 fue el primer afortunado que además de recibir una noche llena de buena música se llevó las llaves de su moto nueva y el certificado del obsequio. Luego de entregarle el premio a Oscar Núñez, se anunció la segunda ganadora, Domitila Mena, una jovencita que saltaba de emoción por haber conseguido un regalo.

Una fiesta de puro rock
Poco antes de las diez y media de la noche la oscuridad y el silencio llamaron al público a unir sus silbidos, como simulando un llamado a Rata Blanca. Casi de inmediato se escuchó un piano. Eran los esperados de la noche. Rata Blanca salió al escenario para alegrar al público con su “Reino olvidado”, tema que da nombre a su último disco.

En el público, los fans movían su cabeza de arriba abajo, con gritos y aplausos --aún algo tímidos-- que demostraban lo bien que la pasaban.

“¡Buenas noches, Managua! El tiempo pasó y los Rata Blanca siguen vivos”, dijo el vocalista del grupo, Adrián Barilari. Este concierto fue calificado por él mismo como una noche muy especial, porque significaba el regreso a Nicaragua luego de cuatro años y formaba parte de la gira promocional del nuevo disco, “El reino olvidado”, por lo que muchos de los temas que se interpretaron esa noche eran desconocidos para el público.

Sin embargo, no faltaron los clásicos del grupo como “Ángel”, “Volviendo a casa” y “La llave de la puerta secreta”. Estas canciones pusieron a saltar y hacer el “mosh” a todos los asistentes en “Mundo e”, quienes además alzaron sus manos.

Canciones de corazón
Walter Giardino, guitarrista de la banda, lanzó un par de uñas para guitarra al público. En seguida, hizo su “magia” con los dedos e inició una nueva canción, “de esas que vienen del corazón”, como dijo Barilari. El vocal se paseaba por el escenario con el micrófono en la mano izquierda, mientras la derecha se movía entre el espacio y su pecho, para dejar claro el cariño que salía de cada acorde de la “rola”.

Más tarde inició el discurso sin palabras de Giardino. “Hay un señor aquí. Walter Giardino quiere decirles algo”, expresó el vocalista. Y así el guitarrista se “lanzó” un solo de casi seis minutos, que se interrumpía por unos segundos para que el músico volviera a tomar por el mango a su amada guitarra blanca. Luego lo acompañaron la batería y el humo rojo que salía de la tarima. Así siguió un rato más, mientras el público se impresionaba con las habilidades del guitarrista.

Más tarde se sumaron las teclas del piano, así como la guitarra, la batería y el piano. Tocaron un tema instrumental de Pink Floyd. Al final regresó el vocalista preguntando a los fans si querían más rock. Todos constataron al unísono que sí e iniciaron la canción “El guardián de la luz”.

Y se hizo el “mosh”

Mientras tanto, los tragos seguían dando trabajo al equipo de seguridad, que al término de la noche había sacado a varios desmayados y ebrios para evitar algún altercado. Arriba del escenario Barilari dijo: “Nos gusta Nicaragua”, por lo que los fans empezaron a brincar y nuevamente se hizo el mosh al ritmo del famoso “Y olé, olé, olé”. Se dieron las doce y media y los roedores se despidieron con muchos agradecimientos y un consejo de cuidado.

Pero la insistencia del público los obligó a regresar “vivitos y coleando”. Los asistentes saltaban de la emoción, gritaban extasiados; mientras otros alzaban su puño cerrado, tal cual hacen los líderes populistas frente a las masas.

Las últimas canciones que interpretaron los argentinos encantaron al público, pues se trataron de “Mujer amante” y “El hada y el mago”. Durante los últimos minutos de esta canción, Giardino nuevamente deleitó a los fans con un solo, y antes de terminar lanzó al aire a su amada blanca de seis cuerdas, misma que atrapó a la mitad de su altura en posición vertical para así tocar los últimos tres acordes y bajar del escenario.