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Con su poesía desgarrada y desgarradora, Juan Gelman, el argentino que sufrió el dolor de la Latinoamérica subyugada por cruentas dictaduras, luchó desde las estrofas por promover la justicia social.

Este martes, 14 de enero, concluyó una vida no muy fácil, marcada por el exilio, la tortura y la crueldad contra los suyos; una existencia cargada de un dolor que, a pesar de ser intenso, no logró doblegar a Gelman, quien demostró ser un gran obstinado y un ser irremediablemente persistente cuando de enfrentar la adversidad se trataba.

En la década de los ochenta, Juan Gelman llegó a Nicaragua, donde cultivó muchas amistades; sin embargo, un día tomó sus maletas cargadas de desencanto y nunca más volvió a pisar tierras nicaragüenses.

La escritora Gioconda Belli, presidenta del PEN Nicaragua, lo describe como “uno de los grandes poetas de los últimos tiempos, con un estilo muy especial y propio, además muy noble; era poeta no solo en lo que escribía, sino también en cómo vivía”.

“Decía las cosas más lindas”

El escritor Carlos Alemán Ocampo se refirió a Gelman como “un hombre finísimo, de inteligencia brillante, con el don de la palabra; sabía denominar las cosas bellas”.

Asimismo, afirma que era “un excelente poeta de la humanidad, de la lucha, hacía de la poesía un encanto aun dentro del sentido social de la protesta; siempre usó la belleza de la palabra”.

Por su parte, la poeta Gloria Gabuardi dijo que la muerte de Gelman le provocó mucho dolor, porque era un gran luchador, un gran poeta representativo de todas las luchas y de la historia de toda Latinoamérica.

“Un latinoamericano ejemplar”

El presidente del Festival Internacional de Poesía de Granada, Francisco de Asís Fernández, expresó su hondo pesar por el fallecimiento de Gelman, una noticia que afirmó le “sorprendió muy desagradablemente, porque no la esperaba”.

Sus recuerdos de Gelman giran en torno de que “era un tipo extraordinariamente humano, buen poeta y compañero”.

“Chichí” Fernández también refirió que Gelman “vivió varios años en Nicaragua como un nicaragüense más. Se reunía con todos los poetas para hablar de los problemas que teníamos en el país, también hablábamos de los talleres literarios que tanto nos disgustaban; era un compañero excepcional”.