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La imaginación y la creatividad de mimos, titiriteros y malabaristas procedentes de una decena de países de América y Europa están sacándoles una carcajada a los granadinos y a los turistas que durante esta semana se encuentran de visita en la Ciudad Colonial. Se trata de artistas que, además de compartir su talento, comparten su preocupación por el deterioro ambiental que está sufriendo nuestro planeta.

Las presentaciones artísticas iniciaron el pasado lunes por diferentes puntos de Granada y se han convertido en un espacio para la autorreflexión, todo esto como parte medular del Quinto Festival Internacional de Arte Callejero, El Berrinche Ambiental. David Ramírez Soto, del Circo Canijo, originario de Costa Rica, está dando su aporte a esta causa con el arte del malabarismo, una práctica que —según dice— es ancestral.

Beneficios

“Es una práctica que exige bastante concentración, coordinación y equilibrio. Se ha comprobado científicamente que el malabar favorece el desarrollo de la disciplina en los niños y en los adultos, además ayuda a utilizar algunas partes del cerebro que en nuestra vida cotidiana no las ejercitamos... Compaginamos lo físico y lo mental”, expresa.

El Circo Canijo se creó hace cinco años y lo conforman Ramírez Soto y su compañero, César Castillo Mora, ambos especializados en los malabares y en la comedia; “hacemos el ridículo”, confiesa. La atracción por esta actividad lúdica le surgió en 2008, tras su ingreso a la Universidad de Costa Rica. “Entré a estudiar Filosofía y de repente miré a una amiga con unas pelotitas en las manos, así empecé con tres pelotitas; luego conocí a mi amigo y empezamos a trabajar juntos”.

Miguelo y su marioneta

El mexicano Miguel Ángel, conocido artísticamente como Miguelo, de la compañía de marionetas Cabeza en Espiral, es otro de los participantes en este festival. Él y su perro Pupito se han ganado el cariño y la admiración del público con un gracioso espectáculo. “Pupito nació de una obra que escribí llamada ‘El Refugio de los Soñadores’. De esa obra retomé al personaje de Pupito y yo mismo lo he entrenado”.

El muñeco es un pequeño perro color blanco, lanudo, “muy bonito, trompudito y educado”. Durante su presentación, se rasca las orejas, levanta la patita para orinar, saluda con mucha educación, se acuesta, camina, se le acerca a la gente y hace reír, manipulado por su “progenitor sentimental”.

Miguelo, nacido en la ciudad de Pachuca, confiesa ser autodidacta a partir del espectáculo de un titiritero que observó en la calle. Llegó a su casa, investigó y experimentó, al punto —ahora— de darles vida a sus marionetas de una forma magistral. Indica que ha tenido la oportunidad de trabajar con otros destacados titiriteros y músicos.

50 presentaciones artísticas

El artista venezolano radicado en Nicaragua, Diego Gené, impulsor de la iniciativa, explica que en esta quinta edición de El Berrinche están participando además virtuosos del teatro, la música, la danza, las artes plásticas y el grafitis, entre otros. “Estamos haciendo algunos murales en algunos puntos de la ciudad, muy interesantes, identificados con nuestro propósito”, asegura.

Aunque se esperaba la asistencia de unos 150 artistas, Gené apunta que únicamente pudieron llegar 80, debido a algunos problemas que surgieron con la emisión de las visas. “Las actividades se trasladan a sitios muy importantes, como el Parque Sandino, La Pólvora, La Calzada, la iglesia de Guadalupe y la Casa de los Tres Mundos. En total estimamos unas 50 presentaciones”.

 

 

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