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Después de confirmarse que abandonará definitivamente las operaciones militares sobre el terreno para afrontar un papel meramente administrativo en la sede central del Estado Mayor en Londres, el príncipe Enrique podría haber exhibido ante un grupo de selectos amigos el descontento que siente ante tan repentino cambio de trabajo, ya que no querría que se hiciera público lo “irritante” que le resulta tener que sucumbir a la monotonía de las repetitivas labores de despacho.

“Este tipo de trabajo no es su fuerte. A Enrique le gustaría volver al campo de batalla para ser un soldado de verdad. A pesar de los riesgos, le encantaba estar en Afganistán y, sin embargo, ahora va a tener que experimentar de primera mano lo irritante que es trabajar en una oficina”, reveló un confidente al periódico Sunday People.

Visitas oficiales

El hijo menor de Diana de Gales, que ahora se dedicará a coordinar las visitas oficiales de dignatarios extranjeros y a preparar los simbólicos desfiles militares, solo habría aceptado un puesto tan alejado del campo de batalla —estuvo destinado en Afganistán hasta el año pasado— al ser consciente de que este era un paso imprescindible para asegurarse una extensa carrera en las fuerzas armadas de su país.

Lo suyo es el campo de batalla

“Enrique se unió al ejército para dirigir soldados y para tener un papel activo en las misiones, no para sentarse en un escritorio y dedicarse a hacer papeleo. Pero si quieres tener una carrera exitosa en la institución, tienes que hacer este tipo de tareas.
Así funcionan las cosas en el Estado Mayor”, explicó el mismo informante antes de advertir al nieto de Isabel II de que se “aburrirá mucho” en su nuevo puesto de trabajo.
“Enrique se va a aburrir mucho, eso está claro. Las horas allí se hacen eternas. Este tipo de trabajos administrativos pueden percibirse como un auténtico castigo”, explicó.