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Franco

Una de las cualidades de Christian Bale, a medio camino entre la altivez y la ingenuidad, es la franqueza. “Los premios tienen importancia para mí, pero relativa, porque al final son opiniones (...). Estoy totalmente en desacuerdo con darle a un actor un premio que dice que es el mejor.

Esto no es una carrera de coches en la que uno llega el primero, porque es más rápido. Pero claro que me siento orgulloso de que la gente piense que soy un gran actor. Soy humano y me hace feliz si hay quien que disfruta con lo que hago”.

Disputado

En la actualidad, los grandes directores se disputan contar con él. No obstante, no hace tanto que tenía dificultades para liderar el reparto de una película.

“Para mí, es fácil seguir siendo la misma persona, porque tan solo necesito recordar cómo fueron mis inicios.

Te sorprendería saber la de veces que los productores dijeron que no, aunque los directores me quisieran. Lo que vivo ahora es maravilloso y quiero aprovecharlo para hacer las películas que siempre soñé hacer”.

Genio

Su camino hacia el estrellato no resultó sencillo, pero con solo 13 años debutó en el cine de la mano de Steven Spielberg en el filme “Empire of the Sun” (1987), tras un “casting” de más de 4,000 niños.

La actuación de Bale como el chico James fue elogiada por los críticos.

Todoterreno

Sus cambios físicos, en virtud de los papeles que interpreta, de los personajes que encarna, le sitúan en la órbita de los actores obsesionados con su trabajo.

Por ejemplo, lució músculo como Batman; en «The machinist” se quedó en los huesos, demacrado, escuálido, para interpretar a un obrero que lleva más de un año aquejado de insomnio, y en “The figther”, su primera vez a las órdenes de David O. Russell, volvió a perder más de 25 kilos.

Fue ese personaje de Dicky Eklund, hermano y entrenador del boxeador irlandés Micky Ward (Marck Wahlberg), el que le valió un Óscar al mejor secundario.