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  • EFE

“Hace años que no me emociono con nada; me siento culpable desde hace mucho tiempo”, dejó escrito Kurt Cobain en una nota póstuma para su hija Frances y su mujer Courtney Love, el que fuera víctima de su propio éxito, clasificado en el cajón de los genios atormentados y de los suicidas.

Lo cierto es que, drogadicto depresivo y víctima de su propio éxito, entre el 4 y el 8 de abril de 1994 se pegó un tiro tras inyectarse una sobredosis de heroína.

Su final, a los 27 años, le consagró como leyenda y como gran mártir de la historia del rock, después de una corta pero intensa carrera discográfica al frente del grupo Nirvana.

Cobain, que se hallaba convencido de que su falta le haría bien a ella, no quería enfrentarse al hecho de que su hija siguiese su senda y llegara a ser “una rockera siniestra, miserable y autodestructiva”.

Traumas

Traumatizado por el divorcio de sus padres y sin un hueco afectivo y físico donde sentirse seguro en su adolescencia, el amor y el odio contra sus padres, Don y Wendy, marcó sus relaciones afectivas y su baja autoestima. Tras varios años de cambios de domicilio, Cobain comenzó a interesarse por el cine, los cómics y la música. Unas clases de guitarra que le impartió su tío Chuck, y que interrumpió por el bajo rendimiento de Kurt en los estudios, fue el detonante involuntario de tardes y tardes de ensayos, cerveza, ácidos y marihuana.

Ascensión meteórica

Luego vendría Nirvana y la rápida ascensión de este grupo. “Ojalá hubiera alguien a quien pudiera pedirle consejo. Alguien que no me hiciera sentir como un bicho raro por vomitar lo que llevo dentro y tratar de explicar todas las inseguridades que me vienen atormentando desde, eh, unos 25 años ya”, escribiría Kurt en una crisis de soledad después de un concierto que congregó a miles de personas.

Cobain se quemó en los cinco años que duró su carrera musical, el tiempo que tardó Nirvana en convertirse en un grupo de impacto mundial.

Nirvana debutó en 1989 con “Bleach”; después vendría su primer triunfo “Nevermind” (1991), que popularizaría la canción “Smells Like Teen Spirit”, en un himno para los adolescentes de la época.

En marzo de 1993 llegó “In Utero”, título apropiado para un recién estrenado papá, como era Cobain, aunque este quiso haberlo titulado “Me odio y quiero morir”.

Instinto suicida

Un año después se realizó el conocido “MTV Unplugged In New York”, y el grupo inició una gira por Europa, aunque tras 16 conciertos Cobain comenzó a sentirse mal y la canceló. Al poco tiempo, intentó suicidarse en un hotel de Roma ingiriendo 60 pastillas de un potente narcótico.

El referente de Nirvana se recuperó milagrosamente, solo para intentarlo de nuevo, esta vez con éxito, en su residencia de Seattle después de haber pasado un tiempo en una clínica de rehabilitación en California.

 

Drogas y desolación

En realidad, las drogas resultan fundamentales para entender a Cobain, a Nirvana, al “grunge”. Cobain comenzó a consumir opiáceos para combatir los fuertes dolores de estómago que padecía. En su generación, no como en la de los años 70, se conocían los efectos de la heroína. El nihilismo del “grunge” era consciente, así como su serenidad o imperturbabilidad tenía que ver con las consecuencias de tomar esa droga.

“Lo tengo todo, todo. Y estoy agradecido, pero desde los siete años odio a todos los humanos en general (...). Gracias a todos desde lo más profundo de mi estómago nauseabundo y ardiente por vuestras cartas y vuestro interés en los últimos años. ¡Soy una criatura voluble y lunática! Se me ha acabado la pasión, así que, os recuerdo, es mejor arder que apagarse lentamente”.

Así, con su última nota, llena de desolación y de un poso de amargura, recordaremos a Kurt, aquella leyenda musical que aún brilla como una estrella hoy en día.

Aunque hace 20 años se extinguiera su llama.