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Aplauso a los organizadores. Ojalá en Nicaragua se hicieran más festivales como estos para que nadie se quede sin vivirlos. Cinco bandas de cuatro países llenaron las instalaciones de la UNAN Managua el viernes pasado, en uno de los eventos más alegres y vibrantes que podamos recordar. Miles de jóvenes y no tan jóvenes llenaron los terrenos con los colores verde, amarillo y rojo de reggae; negro de rock; celeste de jeans, shorts y minifaldas de mezclilla que también abundaron… Y habló la música.

¿Qué sucede cuando se unen Nicaragua, Costa Rica, Colombia y Puerto Rico? Sucede que la noche se desquicia, las manos aplauden, las parejas bailan, la gente camina, sonríe, come, grita, canta. Los cuerpos saltan, y la luna, como bola de disco blanca, acompaña.

Los puestos de comida ofrecían hamburguesas, papas fritas, tacos al pastor, carne asada, cerdo asado… En fin, restaurantitos móviles que a lo largo de tan inmensa noche tuvieron un éxito sin precedentes. Para acompañar la comida, una decena de puestos de cervezas, jugos y gaseosas rodeaban el terreno del público.

Los hermanos del sur

El festival “Como agua de mayo” se abrió con la participación de la banda de reggae costarricense Cocofunka, que ya había venido a Nicaragua y no paró de interactuar con la gente, ganándose a gritos de alegría de todos. Su energía rápidamente se apoderó de los presentes, y ya se palpaba la gran noche que estaba por venir. El cantante del grupo dijo: “un concierto sin que los pies sangren, no es un concierto”, y se armó el bailongo. Daniela García, guitarrista de Cocofunka, casi despedaza su instrumento con un solo de virtuosismo que dejó a muchos con la boca abierta. El grupo expresó un reggae mezclado con rock, y atisbos de rap.

De ellos siguió Un Rojo, otra banda tica que tampoco defraudó, todo lo contrario. Con dos coristas en vestidos rojos, saxofón, trompetas, teclado, guitarras, bajo y un cantante con ‘dreadlocks’, sacudieron el mar de cabezas con ritmos variopintos y mensajes unificadores en contra de Babilonia que iban al son de “¡Roots, rock, reggae!”.

La Bomba

Uno de los grupos más esperados era Bomba Estéreo, de Colombia. Su cantante, Liliana Saumet, apareció con un vestido casual listo para el baile y de accesorio una capa blanca que daba teatralidad a la atmósfera. Al reggae lo cambiaron por ‘bits’ de electro pop latino y el público no tardó en acoplarse. “Y grita: ¡fuego! No lo dejes apagar”, todos se la sabían.

Saumet saludó a Nicaragua en la primera visita del grupo al país y dijo: “hay dos cosas en la vida que son muy importantes y que son inseparables: alma y cuerpo. Hoy vamos a darles tributo”. Luego vino el turno de los nicas de Revuelta Sonora y Miss Francis, de Bluefields. La banda nacional añadió picante con letras atrevidas y un rock dinámico que fue telonero del clímax de la noche: Cultura Profética, de Puerto Rico.

La cumpleañera

Poéticamente, cuando la luna llena estuvo justo encima de la tarima, fue que salieron los puertorriqueños.

La mismísima noche del viernes, cumplían 18 años de una brillante carrera musical con 5 álbumes de estudio más 3 en vivo, misma que reflejaron en el concierto más largo de todo el festival. Eran las tres y media de la madrugada, y Willy Rodríguez, vocalista y bajista de Cultura Profética, seguía diciéndole a la gente que bailara. Y ellos encantados.

 

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BANDAS calentaron una noche inolvidable.