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Se trata de 29 rostros que imaginó el artista español a sus 88 años, cuatro antes de su muerte, en su casa-atelier–la antigua iglesia de Nuestra Señora de Vida- en la comuna de Mougins, a la tibieza de la región Provenza-Alpes-Costa Azul, en el sur de Francia.

Se dice que a comienzos de 1969, Pablo Ruiz Picasso (Málaga, España 1881 – Mougins, Francia 1973) recibió en su vivienda unos suministros de arte envueltos en grandes pliegos de cartón corrugado y hojas de papel grueso.

A medida que el pintor y escultor iba abriéndolos, los pliegos de cartón se iban apilando contra la pared, hasta que veintinueve “lienzos” inmaculados lo desafiaron. Incapaz de resistirse a un espacio vacío, Picasso comenzó, con la vitalidad propia de un artista joven, una serie pictórica de matices postcubistas con colores puros y rasgos sueltos, que dieron vida en aproximadamente seis meses, a los denominados “Retratos imaginarios”. Luego, con el aval y la supervisión del mismo Picasso, las obras fueron interpretadas por uno de los litógrafos franceses más conocidos de la época. La preparación e impresión de las litografías (técnica que utiliza piedra para imprimir y lápiz graso) tomó más de un año. Y estas, pertenecientes a las últimas inquietudes de uno de los más grandes genios del arte del siglo XX, están en Nicaragua.

Privilegio para Nicaragua

Su exhibición se inauguró en el Centro de Arte de la Fundación Ortiz-Gurdián (Edificio Málaga, en Plaza España, Managua), la noche del pasado jueves 17 de julio, y sus puertas estarán abiertas hasta el 31 de diciembre del presente año. Es la primera vez que una muestra del pintor malagueño, autor de reconocidas obras como Guernica y Las señoritas de Aviñón, se expone en el país.

Ramiro Ortiz, presidente del Grupo Promérica (patrocinador de la exposición), en la inauguración oficial de la muestra pictórica, declaró: “Es una maravilla tener esta obra en Nicaragua, el que podamos interactuar con una obra de Picasso. Él enmarca la gran transición del arte a la época moderna, y ha sido la inspiración de muchos artistas que se atreven a continuar esa transformación. La oportunidad de ver esto es muy escasa, y el objetivo de traerlo a Nicaragua es poder compartirlo, que la población nicaragüense tenga la oportunidad de ver en primera instancia la obra de este maestro”.

Por su parte, Juanita Bermúdez, organizadora de las bienales de artes visuales nicaragüenses de la Fundación Ortiz-Gurdián, se mostró satisfecha por la posibilidad de que todos puedan disfrutar de la exposición. “Se siente una gran satisfacción, porque Picasso es tal vez el más grande genio del siglo pasado.

Las obras pertenecen a la fundación, y ya se habían presentado cuatro veces en la región. Estuvieron en Guatemala, El Salvador, Honduras y República Dominicana. Las hemos llevado a los distintos países en los cuales el Grupo Promérica tiene presencia. Lo lindo de esta experiencia es que haremos muchas actividades para el público, como conversatorios, conferencias, presentaciones de video y más”, declaró Bermúdez.

 

29 Litografías de Pablo Picasso se exponen en el Centro de Arte de la Fundación Ortiz-Gurdián.

 

Retratos cargados de sátira y burla

SIGNIFICADO• La doctora española radicada en Nicaragua, María Dolores Torres, catedrática y crítica de artes plásticas, visuales y fotográficas, señala en su libro El trasfondo de la literatura española, que: “En los 29 retratos imaginarios dominan los caprichos humorísticos del artista sumado a la visión deformadora de la realidad tan propia de la tradición hispánica. (…)No son retratos realistas, no representan a ningún personaje real y todos los rostros son grotescos, emparentados con el humor negro de Quevedo o la visión esperpéntica de un Valle-Inclán. Son personajes de épocas pretéritas. Parecen ser una parodia de los caballeros galantes del Siglo de Oro español”.

En las 29 litografías predominan rostros masculinos de pronunciado bigote, y en cada cuadro resaltan las líneas deformadoras de rasgos faciales.

En algunos, los dos ojos miran fijos al espectador pero la nariz y la boca están dispuestas en “perfil griego” o de forma lateral. Hay una alternancia de caras delgadas y regordetas, y los colores predominantes van en las escalas del amarillo, azul, rojo, y negro-blanco.