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Este miércoles 20 de agosto el Ícaro Nicaragua desplegará sus alas y lo hará de la mejor manera posible: proyectando un filme.

La película elegida por los organizadores del prestigioso festival es “Princesas rojas”, una obra de la cineasta Laura Astorga, quien a través del argumento nos conduce de la mano por el impacto que tuvo en la vida de muchas familias el conflicto bélico que vivió Nicaragua en los años ochenta.

Felipe, su esposa y sus niñas, Claudia y Antonia, son el núcleo familiar que al inicio de la cinta se nos presenta como una familia feliz, pero con el discurrir del relato fílmico vamos viendo cómo se ven involucrados en diversas situaciones que conllevan llanto y dolor.

Traspasar la frontera con Costa Rica es el primer paso del éxodo de esta pequeña familia. Las niñas son inscritas en el colegio y tratan de llevar una vida normal, sin embargo, los acontecimientos mismos se encargan de hacerles ver que la inestabilidad está corroyendo sus tiernas vidas.

Aunque pueda parecer un libreto con bastante dramatismo, quienes vivieron esos años sabrán identificar en cada escena la realidad de la que está impregnado el argumento.

Sin recurrir a las imágenes bélicas, Astorga nos presenta el impacto del conflicto con un Felipe que termina herido en un hospital, mientras su esposa estaba en Miami, tras haberlos abandonado.

Separación

Sin dudas, Claudia y Antonia son el blanco en el que hace eco la desintegración del núcleo familiar. Claudia, que era la mayor, vio truncado su sueño de cantar en el coro escolar, a pesar de tener una bella voz, debido a que fallaba mucho a la escuela. Sin tener responsabilidad en la situación, siempre estaba bajo el escrutinio de su maestra de canto por sus reiteradas ausencias.

Por su parte, Antonia aprendió a ser dependiente de su hermana y siempre hacía lo que ella le indicaba. Finalmente, mientras Felipe convalecía herido en un hospital, hasta que llegaron las niñas gracias a la astucia de Claudia, la mamá regresó.

La noticia no fue felicidad para Claudia, pero sí para Antonia; sin embargo, ese fue el elemento que desató el peor drama de la trama: la separación de las hermanas.

Con artilugios la madre de las niñas se convirtió en diplomática, falsificó la identidad de las pequeñas para poder sacarlas del país, sin sospechar que Claudia tenía un espíritu rebelde que la llevó a confrontarla, al punto que decidió dejarla olvidada en el baño del aeropuerto. Así, la cinta concluye con Claudia viendo tras el vidrio cómo su madre partía con su hermana en un avión que ponía distancia entre ellas.

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