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Neurólogo-psiquiatra
El informe Determinantes Sociales de la Salud que presentó recientemente la Organización Mundial de la Salud (OMS), advierte que “la combinación nefasta de pobres políticas sociales y circunstancias económicas injustas está matando a la gente a gran escala”.

El documento que ha visto la luz después de tres años de trabajo recoge que “no existen razones biológicas” para que la esperanza de vida varíe hasta más de 40 años de país en país, o en varias decenas de años en una misma ciudad dependiendo del barrio en el que viva una persona.

El documento expone que la esperanza de vida de las mujeres en Japón es de 86 años; duplica a las que tienen las mujeres en Zambia, que es sólo de 43 años. Si la tasa de mortalidad infantil es de dos por cada un mil nacidos vivos en Islandia, ésta aumenta hasta más de 120 por mil nacidos vivos en Mozambique. El riesgo de muerte materna durante el parto, o poco después de él, es de sólo 1 por cada 17 mil 400 mujeres en Suecia, y llega hasta una por cada ocho en Afganistán.

Las diferencias también se aprecian claramente dentro de un mismo país, y así, en Bolivia la tasa de mortalidad infantil de los bebés de madres que no han cursado estudios supera los 100 por cada mil; mientras que la de los bebés de madres que tienen al menos educación secundaria es inferior a 40 por cada mil.

Reto: reducir desigualdades
Reducir las desigualdades en materia de salud es un imperativo ético a escala mundial. Un ejemplo a seguir, según la comisión de expertos, son los países nórdicos. Su política de igualdad de derechos y pleno empleo equiparó el acceso a las prestaciones y servicios sociales y minimizó la brecha social. “Este ejemplo ilustra lo que debe suceder en todo el mundo”, dijeron los expertos.

La salud no es sólo cuestión de genética. La OMS alerta sobre la importancia de los factores sociales y económicos. Después del estudio Determinantes Sociales de la Salud lanzaron la voz de alarma. Primero, sobre lo más sabido: las diferencias entre países ricos y pobres. Por ejemplo, una niña que nazca en Lesoto tendrá una esperanza de vida de 42 años menos que una japonesa. También alertaron sobre las consecuencias de las desigualdades en el primer mundo. Un niño de Calton, un suburbio de Glasgow (Inglaterra), tendrá una esperanza de vida de 54 años. Otro criado a pocos kilómetros de distancia en el barrio rico de Lenzie, tendrá una esperanza de vida de 82. No se debe a factores genéticos, sino sociales.

La OMS afirma que “la gran mayoría de la población del planeta tiene peor salud de lo que permite la biología”. Las desigualdades, aquellas diferencias que son “injustas y evitables”, no se dan sólo entre países, sino también en el interior de los mismos: a medida que las personas descienden en la escala social, peor es su salud.

En España, la mayor diferencia en esperanza de vida entre municipios alcanzó 13 años en el año 2000. “Las clases sociales más pobres tienen menos recursos para alimentarse adecuadamente, unas condiciones de empleo de más riesgo, carecen de una vivienda adecuada, fuman y beben con mayor frecuencia, tienen peor acceso a los servicios sanitarios o éstos son de peor calidad. Todo ello daña su biología, genera enfermedad y aumenta el riesgo de morir”, refiere el diagnóstico.

El director del proyecto de la OMS subrayó: “Confiamos demasiado en las intervenciones médicas para aumentar la esperanza de vida. Cuando se piensa en salud se hace sólo desde el punto de vista de la atención sanitaria, pero es importante distinguir entre las razones por las que la gente enferma y qué pasa cuando enferman. Tenemos que prestar más atención a las condiciones que provocan las enfermedades”.

Todos los grupos sociales en riesgo
El empresario o trabajador medio que percibe cómo su compañía está en dificultades porque sus ventas vienen en picada, la amenaza de una quiebra es evidente y ve, por ello, peligrar su puesto laboral y su futuro próximo.

Las amas de casa que ven que su presupuesto no le ajusta para comprar la alimentación de su familia; al pensionado que con su misma pensión no le alcanza para cubrir sus necesidades y principalmente sus gastos en la compra de medicamentos; el desempleado que por más que busca trabajo no lo encuentra y no sabe con qué cara regresar a su casa y enfrentar los reclamos de una mujer desesperada, quien ya no sabe qué hacer para poder sacar adelante a la familia; el taxista que sale a trabajar y encuentra muy pocos pasajeros, lo que no le permite ni cubrir los gastos de alquiler del taxi ni los de la comida en su casa; el médico que llega al consultorio diariamente y quizá a la semana sólo logra ver tres pacientes, y cómo hacer para enfrentar los gastos del consultorio y mantener los gastos familiares…
Y así cada grupo social se va encontrando con serias dificultades económicas que no sabe cómo resolver. Esta situación poco a poco es generadora de ansiedad y depresión.

En la literatura científica está más que comprobado que hay más infartos durante sucesos estresantes como grandes desastres, guerra, crisis económicas, etc.

Las crisis económicas impactan directamente en la vida de cada ser humano. Los hombres que sufren depresión y ansiedad muestran por lo general problemas de disfunción eréctil.

Muchos estudios han mostrado una fuerte correlación entre disfunción eréctil y una menor calidad de vida, funcionamiento social y abuso de sustancias.

La depresión también puede afectar la salud física del hombre. Un estudio reciente indicó que la depresión se asocia con un riesgo elevado de enfermedad coronaria (infartos de corazón) en ambos sexos.

Las crisis económicas tienden a ocasionar cuadros depresivos. Muchas veces, si estos se dan en un hombre, buscará cómo enmascarar su cuadro depresivo. Entonces pueden darse dos situaciones: una que tienda hacia un hábito socialmente aceptado como trabajar en exceso, y el otro a dedicarse al consumo de alcohol y drogas.

Los hombres son más reacios a aceptar que necesitan ayuda cuando están afrontando dificultad, pero si estas dificultades han causado ya problemas de orden físico o psicológico, lo razonable sería aceptar la ayuda.

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Demandan acciones de Estado
El documento concluye con un llamado de la OMS a todos los gobiernos a adoptar medidas encaminadas a mejorar la vida de los ciudadanos, y plantea el objetivo de lograr la equidad en salud “en el lapso de una generación”. Pero si continuamos como hasta ahora, no tenemos ninguna posibilidad de lograrlo”, advierte.

Por otra parte, la gran crisis económica que el mundo está atravesando eleva en gran medida el riesgo de padecer ansiedad, depresión e infarto.

Cara y cruz de la crisis económica: por un lado hace que las personas se desprendan de lo superfluo, agudicen el ingenio y eleven su sentido del ahorro. Pero por otro, la histeria colectiva que ha generado el alza de los derivados del petróleo, el precio de los alimentos, el encarecimiento de los bienes de consumo, el aumento en los servicios, de la salud, etc., está elevando seriamente el riesgo de ansiedad, depresión e infarto.

Dr. Javier Martínez Dearreaza.

Universitá degli Studi di Pavia-Italia.

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Contiguo a Lolo Morales.

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