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El atabal granadino, considerado una de las principales manifestaciones religiosas y culturales, forjada hace más de dos siglos en el seno popular, está atravesando un proceso de “oxigenación” que inicia con el traspaso de la mayordomía de manos de Fernando López Miranda, mejor conocido como “El Cabo López”, a su hijo Fernando López Gutiérrez, “Chinano”.

El atabal, con sus peculiares sones y “puesiyas”, recorre todos los viernes, sábados y domingos de octubre las calles de la ciudad colonial para ir visitando las casas de los devotos y promesantes de la Virgen del Rosario, cuya morada principal se encuentra en la iglesia de San Francisco.

Compromiso

“Yo asumo desde ahora las riendas y el compromiso de revalorizar esta tradición profundizando su sentido religioso, que le confirieron los pobladores de los barrios “José Antonio Urbina” y Santa Lucía, que fue donde nació esta manifestación, esta expresión que es de devoción y no de carnaval, y es el resultado de la confluencia de la voluntad de los atabaleros y de los promesantes de la Virgen de El Rosario”, manifestó López Gutiérrez.

En estas visitas a los domicilios, los creyentes acostumbran repartir chicha, nacatamales, vigorón, licor y la correspondiente limosna. Las coplas expresan la devoción a la virgen, pero también se le dedican a la familia que recibe a la imagen.

Se calcula que esta expresión tiene unos 250 años y el nuevo mayordomo indicó que además de consolidarlo en su máxima expresión, iniciará gestiones para que sea reconocido como Patrimonio Cultural Intangible de Granada y de Nicaragua.

Las “puesiyas” que se le dedican a la Virgen del Rosario son pequeños cuartetos que riman el primer verso con el tercero y el segundo con el cuarto. En ellas va expresada la devoción mariana.