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Marina Cárdenas, “La Gordita de Oro”, como era conocida popularmente, cerró sus ojos para siempre la madrugada de ayer viernes, a los 68 años. La artista que fue símbolo del bolero romántico en la década de los 70 y 80, será recordada como una persona amigable, carismática y solidaria, que repartía besos y abrazos entre sus seres queridos.

Algunos como el diputado y productor musical Evert Cárcamo, considera que “La Gordita de Oro” poseía la voz más privilegiada de Nicaragua y que elevó la calidad del bolero nicaragüense a planos internacionales al colaborar con grandes artistas de su época. Por su parte, su familia la recordará como una “guerrera” que daba todo por los suyos, así lo aseguró Blanca Barquero, hermana de la artista. “Ella decía que la música es un don que Dios le regaló y que gracias a ello había disfrutado del triunfo y de contactos con gente importante”, agregó.

Homenaje musical

Las honras fúnebres de la conocida artista se realizaron en la que fue su casa de habitación, en el barrio Los Ángeles, en Managua. En el lugar se congregaron decenas de artistas de su época y otros más jóvenes, para rendirle un homenaje musical organizado por la Asociación de Artistas de Nicaragua.

Según Osman Balmaceda, presidente de la Asociación de Artistas de Nicaragua, los restos mortales de Cárdenas serán sepultados en el Cementerio General de Managua, al lado de la tumba de su madre.

 

"A Marina le gustaba organizar comidas familiares y bromear mucho con nosotras las hermanas y sus sobrinos".

Blanca Barquero, hermana.

 

68 años tenía Marina Cárdenas.