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El escritor Sergio Ramírez presenta mañana miércoles 17 de diciembre, en el auditorio “Dr. Justo Pastor Zamora” del Centro Financiero Lafise, de Managua, a las 6:30 p.m., su más reciente obra literaria “El cielo llora por mí”, un acercamiento directo a la novela policial en donde aborda el intrincado mundo del narcotráfico.

Todo inicia con el hallazgo de un yate abandonado en Laguna de Perlas, en el Caribe nicaragüense, y de una camiseta manchada de sangre dentro del mismo escenario. Esto ocurre en los días cercanos a las fiestas de Santo Domingo, en un año cualquiera de la última década del siglo XX.

Los personajes principales son el Inspector Morales y Lord Dixon, jefe de Inteligencia de la Dirección de Drogas de Managua y Bluefields, respectivamente. Juntos forman un dúo de ex guerrilleros sandinistas que terminan investigando crímenes del narcotráfico.

Por otra parte, al villano de la novela se le conoce más como “Caupolicán”, quien guarda una relación emotiva con el inspector Morales. Ambos fueron compañeros en la clandestinidad, sin embargo, uno es “salvaje y aguerrido” como el poema de Rubén Darío y el otro renquea, por la prótesis que lleva en una de sus piernas.

El inspector Morales observa, anota en su libreta y sigue las pistas, aunque no todas las pistas son reales y es ahí donde aprendemos a disfrutar los artificios de la escritura, una vez más, comprobados en la singular forma de narrar del autor.

La novela fue escrita entre 2003 y 2008, tiempo de muchos cambios políticos y sociales en el país. ¿Cómo afectaron estos cambios a esa Managua paralela del libro?
La Managua que yo presento en la novela es la del cambio de siglo, una ciudad contemporánea a mis ojos, en su caos, su falsa modernidad y su pobreza. Para una novela de detectives puede ser una urbe demasiado pequeña, pero mis detectives pertenecen de verdad a ese paisaje. Una ciudad con su ombligo enterrado bajo los baldíos del terremoto, y dispersa en islas conectada por intestinos de cemento, siempre de espaldas al lago, que debería ser su espejo.

Su novela Castigo Divino tiene elementos propios de la novela policial, sin embargo, “El cielo llora por mí” tiene un estilo narrativo diferente. Después de tantos años, ¿sigue Sergio Ramírez experimentando sus herramientas literarias?
El paso de los años ayuda a experimentar, si uno se congela en un estilo, es como estar literariamente muerto. Mi desafío en esta nueva novela fue hallar un estilo propio para las aventuras de dos detectives que fueron un día guerrilleros, sobrevivieron a la catástrofe del fin de la revolución, y ahora, bajo los nuevos signos de la corrupción, se defienden con su vieja ética a la hora de enfrentar un caso de narcos, y se defienden también con su humor negro. Yo tengo que seguirlos, hacerme cargo de ellos, construirles una atmósfera, y de allí resulta el modo que en que escribo y los describo, ése es el estilo.

Un personaje secundario de la novela, Doña Sofía, se refiere al espionaje como “la ciencia del escondite y el disimulo”, ¿esta ciencia se aplica en esta novela?
Doña Sofía no se llama en balde así, su nombre significa sabiduría. Ella, que es una afanadora en la oficina de la dirección Antinarcóticos, y madre de un mártir de la insurrección contra Somoza, representa prudencia y rebeldía, osadía y también ironía, dueña de un humor desenfadado. Su lógica para crear hipótesis respecto al crimen que se investiga, resulta implacable, y ella sabe, claro está que todo es escondrijo y disimulo, respecto al caso, y respecto a la sociedad, al país.

En Nicaragua es evidente que la Policía encarcela a los narcotraficantes y la Fiscalía los libera, ¿hay algo en la novela que refleje esta situación?
Si le buscamos un reflejo, sería el principal. No sólo la fiscalía, también los jueces, los tribunales de jurados. Es una maraña espesa tejida por el poder de los narcos y sus secuaces. Aquí la ficción le presta todos sus colores a la realidad, y tanto el inspector Morales como el inspector Dixon de mi novela, saben bien contra lo que tienen que luchar: el monstruo de la impunidad que come el pasto verde de los dólares, pero no los defeca.

Hace un mes el escritor Carlos Fuentes, refiriéndose a México, afirmaba: “Tenemos el desafío supremo del narcotráfico”, ¿puede decirse lo mismo de nuestro país?
Desde tiempos prehistóricos Nicaragua fue un puente entre el norte y el sur del continente gracias a su posición geográfica, puente para la flora, la fauna, las especies animales que aquí se juntaban y mezclaban, y luego puente de pueblos prehispánicos que bajaban del norte y se cruzaron con los del sur, nahuas, chorotegas, chibchas. Ahora esa misma posición geográfica privilegiada nos convierte en puente del narcotráfico, ese es el papel que le han dado a Nicaragua, puente del trasiego de la droga que viene de Colombia hacia México. Es un desafío, porque la garra de los narcotraficantes llega a clavarse hondo en la carne de un país, y cuesta que lo suelte.

Tome nota:
La presentación de la novela “El cielo llora por mí” es mañana miércoles, 17 de diciembre, a partir de las 6:30 de la tarde en el Centro Financiero Lafise. La entrada es libre.