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Elías, Judah, Cristo, Josua, Israel, Aarón y Josué son siete hermanos dedicados en cuerpo y alma a la danza. Tras formarse como músicos y bailarines, desarrollaron sus carreras individuales en distintas compañías, para después unir sus pasos en el conjunto Los Vivancos. Todos hermanos del mismo padre y diferentes madres, su progenitor les dejó en herencia el arte, tras fundar la Quántico Independent School en la localidad canadiense de Vancouver, para después instalarse en la British Columbia (EE.UU.).

¿Por qué decidiste dejar tus aspiraciones en solitario y formar Los Vivancos?

Judah: El plan era ser Vivancos, pero para ser Vivancos creíamos que teníamos que desarrollar nuestros trabajos en solitario. Así recibes experiencia en distintos sitios, de varios coreógrafos y haces que, luego, el producto sea mucho más rico.

¿Ha sido  tu padre, en cierta medida, el mentor del proyecto?

Aarón: Sí, la verdad es que nuestro padre nos introdujo en esta vida tan artística que llevamos. Él nos enseñó la música, la danza y ha sido nuestro mentor, tanto en la vida artística como en la vida en general. Es nuestro ídolo, nuestra figura a seguir y nuestra referencia.

 Son siete hermanos de un total de 39. ¿Cómo es una familia de 39 hermanos?

Judah: Es una familia muy normal, de lo más usual (risas).

Aarón: Hemos tenido una vida muy divertida. Todo lo que hacemos en el escenario es lo que nosotros aprendíamos, además de las matemáticas y las ciencias naturales y todo lo que se estudia normalmente. Pero estar con tantos niños y con tanto arte era fantástico.

Elías: Supongo que para los padres era un jaleo tremendo, con tanto niño, pero para nosotros todo era divertido, siempre estábamos jugando y muy contentos.

RIVALIDAD SANA ENTRE HERMANOS

¿Existe rivalidad entre ustedes?

Cristo: Sí, pero es sana en el sentido de que te picas para hacer más piruetas en el escenario, a ver quién baila mejor hoy o quién salta más alto. Eso nos motiva y nos sirve para mejorar como bailarines.

¿Quién liga más?

Josué: Ahora solamente ligo yo porque soy el único que queda libre ya.
Elías: Los demás ya estamos fuera del mercado.

De todo lo que se ha dicho en la prensa sobre ustedes, ¿qué es lo que más os ha gustado?

Judah: Que dejábamos a Michael Flatley, el de Riverdance, como si fuera el hada del algodón de azúcar de “El cascanueces”. Es broma, eso nos hizo gracia.
Cristo: Sabemos que Michael Flatley es una máquina y, de hecho, es también un referente a seguir en la danza.

Josué: Que te digan eso, en realidad, gusta.

Elías: Estuvimos en Londres y una de las críticas dijo eso. Hay tantas críticas y nos han dicho tantas cosas buenas…

Cristo: Lo más bonito es cuando sales del escenario y hablas con la gente. Las críticas nos gustan, pero ver que la gente está emocionada, que tiene la piel de gallina, que te dicen que el espectáculo les da vida o que tienen mucha energía después de ver un show nuestro… Esas son las mejores críticas.

¿Cuál ha sido la mayor catástrofe que han  vivido encima de un escenario?

Elías: Una vez estábamos actuando y saltó la luz de todo el teatro. Aunque se mantuvo la música, porque iban por líneas diferentes. Eso fue bastante grave.  También se nos ha parado la música alguna vez. De hecho, lo peor que te puede pasar es que se pare la música. Si se apaga la luz, puedes seguir bailando, pero el que se pare la música es de lo peor.

Josua: Una vez también se empezó a quemar  algo de plástico y salía humo. El público estaba tapándose la cara porque olía todo a quemado, pero aguantamos hasta el final con el espectáculo.

¿Cómo definirías el estilo Vivancos?

Elías: Es como un cóctel de muchos ingredientes. Es la fusión de los pasos más espectaculares del flamenco con el espíritu de las artes marciales, los grandes saltos del ballet y también una música que mezcla la raíz con lo moderno. Al final es un estilo muy guerrero. Somos muy peleones, gente con mucho coraje. Vamos para adelante pase lo que pase y eso se nota en nuestro trabajo.