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BBC / Buenos Aires
La presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, asumió el poder hace aproximadamente un año. Es de esperar entonces que los medios analicen para estas fechas su gestión de gobierno, sus logros y sus fracasos durante los pasados doce meses.

Muchos se han preguntado por qué su popularidad ha caído tan drásticamente y qué es lo que la mandataria ha hecho para frenar el impacto de la crisis global en la economía argentina.

Pero en realidad, en lo que más se han concentrado los medios argentinos es en el guardarropa de la presidenta.

Muy rara vez se la ha visto lucir el mismo traje dos veces, lo cual de alguna manera significa un ahorro en gastos de tintorería.

Pero, como la presidenta parece tener una cierta debilidad por las ropas de diseñadores famosos, lo que ahorra por un lado, lo gasta en otro: se estima que invierte anualmente en su vestuario unos 350 mil dólares.

Una cantidad obscena, señalan sus críticos, para alguien que depende del apoyo -principalmente- de las clases más pobres.

Cristina Kirchner vive en la casa presidencial, una inmensa residencia en las afueras de la capital, pero para guardar sus vestidos, sus chaquetas y zapatos, necesita un espacio de 95 metros cuadrados, aproximadamente el tamaño de un departamento de tres habitaciones.

Se estima que para cuando termine su mandato en 2011, necesitará un guardarropa del tamaño de un estacionamiento mediano.

Cambios... de ropa
Los viajes al extranjero presentan otro problema, especialmente para una mujer que se cambia de ropa hasta cinco veces por día.

En muchas ocasiones, se ha criticado a la presidenta por llegar tarde a reuniones con líderes internacionales, porque se estaba “preparando”.

Inspirada en Eva Perón
Dicen que la mandataria tiene una fuente de inspiración, se trata de la ex primera dama argentina, Eva Perón o Evita, quien en la década de los 40 y a principios de los 50 era un símbolo de glamour y estilo.

Se comenta que cada semana, un avión llegaba de París a Buenos Aires, repleto de diseños de Christian Dior para que ella eligiese cómodamente.

Lo que sí queda claro es que el estilo de Cristina Fernández es muy diferente al de su marido, Néstor Kirchner, quien solía andar un tanto despeinado y vestía trajes demasiado grandes.

En su defensa, Fernández afirma: que sea presidenta no significa que me tenga que vestir como una persona pobre.