•  |
  •  |
  • END

MADRID.-Un Rolls no tiene competencia, es una pieza única hecha a la medida de cada comprador, que suele destinar un elevado porcentaje adicional al medio millón de euros que aproximadamente cuesta uno de estos modelos para personalizarlo a su gusto. Así, no es de extrañar que el departamento de pedidos especiales de la firma, compuesto por 25 ingenieros y artesanos, no dé abasto para atender las peticiones, en muchos casos estrafalarias, de sus adinerados clientes. Las únicas condiciones para realizar cualquier transformación es que sea técnicamente viable, que no afecte a la seguridad del vehículo y que pueda mantener a lo largo de su vida útil la exquisita calidad que la marca exige a todos sus productos.

La gama Rolls-Royce se compone en la actualidad de tres modelos, desarrollados todos ellos a partir de una plataforma común. Para hacerse una idea de lo especiales que son estos automóviles, el año pasado sólo se entregaron mil 10 unidades en todo el mundo y esa cifra tan aparentemente baja supuso un récord histórico de ventas, que también llevó a lograr los beneficios más altos jamás logrados por la empresa en un único ejercicio.

La compañía británica resurgió hace diez años, cuando fue adquirida por BMW en un momento de crisis profunda que la tenía al borde de la quiebra. A partir de ahí, la marca bávara actúa con visión de futuro y permite que Rolls opere de manera independiente, manteniendo su filosofía de producto absolutamente único y artesanal, alejado por completo de los procesos industriales comunes. Y es que un Rolls-Royce se tarda en construir una media de 350 horas, sin contar el montaje del motor, mientras que cualquier coche salido de una moderna factoría se realiza en poco más de 20 horas.

Eso sí, cuando nos plantamos frente a una de estas obras de arte no podemos evitar un gesto de admiración por su increíble acabado y la lista de adjetivos superlativos se nos queda corta a la hora de describir lo que vemos: maderas de calidad excepcional, pieles de un tacto único e infinidad de sorprendentes detalles en cada rincón del habitáculo, todo rematado con una pulcritud y perfección que se sale de los estándares más exigentes.

En el apartado mecánico tampoco decepcionan. Utilizan la tecnología más vanguardista y los mejores componentes para responder a las expectativas de los más entendidos, además de estar siempre un escalón por delante de cualquier otro turismo en confort. Los motores V12 de 6.75 litros y 460 caballos no sólo muestran una agilidad insospechada a la hora de mover estas moles, sino que lo hacen con tal ausencia de ruidos y vibraciones que resulta difícil saber si el propulsor está en marcha o parado.

Tradición y modernidad se dan la mano en unos interiores de alta costura, que no sólo ofrecen todo el lujo y el confort imaginables, sino que, además, ocultan una avanzada tecnología.

A los mandos de estos tres colosos uno siente cierto pudor. Tuvimos ocasión de hacer una buena cantidad de kilómetros con cada una de las tres variantes y la verdad es que nos reafirmamos en la opinión inicial de que se trata de ejemplares únicos que no son comparables con ningún otro vehículo.


Comenzamos probando el Phantom, la berlina clásica y el primer producto de esta nueva era para la compañía, que vio la luz en 2003. Con un frontal tradicional muy característico, en el que destaca una enorme parrilla coronada por el Espíritu de Éxtasis, el símbolo legendario de la marca, este gigante impresiona primero por sus dimensiones, pero a los pocos minutos lo hace por la docilidad de su comportamiento y la facilidad con la que se desenvuelve esa carrocería de casi seis metros en todo tipo de trazados.

El ambiente en las plazas traseras nos aleja por completo del concepto que tenemos de automóvil. El espacio, las impresionantes butacas de piel curvadas en los extremos y la calidad de imagen y sonido del equipo multimedia nos aíslan por completo de la carretera que, además, pasa desapercibida gracias a la extraordinaria filtración que hace el chasis de todas las irregularidades.

Nos ponemos a continuación al volante del Drophead Coupé, el descapotable más caro del mundo y la segunda variante de la familia, aparecida hace apenas un año y medio. En su incomparable silueta destaca una capota de lona realizada con cinco capas de material aislante entre las que se incluye una de cachemir. Pero cuando realmente se muestra cautivador es a cielo abierto, momento en el que resalta una plataforma de teca bajo la que se guarda la capota que es una auténtica obra de arte. Compuesta por 30 piezas cuidadosamente seleccionadas y protegidas por una mezcla de aceites especiales, su aspecto recuerda a la cubierta de un lujoso yate.

La estructura de aluminio del Drophead Coupé le aporta ligereza y la rigidez del chasis permite conducir a un ritmo muy elevado sin que se retuerza lo más mínimo.

Por último, nos sentamos a los mandos de la más reciente creación, el Phantom Coupé, que ha iniciado su venta hace escasos meses y que es la versión con un toque más deportivo de la familia. Gracias a una puesta a punto específica de las suspensiones, frenos, dirección y cambio, ofrece un tacto más alegre que gustará al público dinámico sin defraudar las expectativas de un confort excepcional. Su bastidor ha sido reforzado para lograr una firmeza superior a la de sus hermanos y, a pesar de que no se puede decir que con sus más de dos toneladas y media se comporte como un atleta, lo cierto es que permite una conducción ágil y alegre con un tacto muy agradable.


Fuente: Mundomotor