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Elpaís.com

La actriz británica Kate Winslet (Reading, 1975) protagoniza la nueva película “Vía revolucionaria”, que ha recibido cuatro nominaciones a los Globos de Oro, incluida la de mejor actriz protagonista de película dramática. La película la reúne de nuevo con Leonardo DiCaprio por primera vez desde que ambos coprotagonizaran la película Titanic, hace 12 años. Winslet interpreta a April Wheeler, una atractiva joven con aspiraciones de convertirse en actriz de teatro. Forma un hogar junto a su marido Frank (DiCaprio) en una idílica zona residencial de los años cincuenta a no a mucha distancia de Nueva York. Parecen una pareja afortunada. Pero cuando se cansan del vecindario y comienzan a planear irse a vivir a París, la realidad de sus vidas tiene un efecto clarificador sobre su matrimonio.

“Vía revolucionaria” está dirigida por el marido de Winslet, Sam Mendes (American Beauty, Camino a Perdición, Jarhead). Ha sido adaptada por Justin Haythe a partir de la célebre novela homónima de 1961 escrita por Richard Yates. Ha sido nominada al Globo de Oro a la mejor película dramática. Mendes y DiCaprio también han sido nominados, al mejor director en la categoría de largometrajes y al mejor actor en una película dramática, respectivamente.


P: ¿Fue este papel tan difícil como parecía?
R: Realmente lo fue. Era una oportunidad importante para cualquier actriz y supuso una de las experiencias más exigentes de toda mi vida. Y eso es lo que una espera. Irse a casa con algo nuevo en lo que pensar y con nuevas técnicas para otros papeles.


P: ¿Qué aprendiste interpretando a April?
R: A no planear demasiado las cosas. Se puede pensar cuanto se quiera, pero una vez en el plató uno tiene que estar realmente dispuesto a permitir que todo cambie. Eso es lo que aprendí de Sam como director: la sensación de que no pasa nada por estar asustado, y que no hay que pensar que hay que venir al trabajo y saber todas las respuestas. Y no pasa nada por admitir todo eso, ni tampoco por decirlo: estoy temblando, perdido en el mar, ahogándome. Sálvame.


P: A juzgar por el libro, April ha debido ser un personaje difícil de interpretar.

R: En la novela, es muy temperamental, bordeando a veces la histeria. Es así, pero sabía que sólo podría usar fragmentos de eso. Sabía que tenía que encontrar una forma de interiorizar sus fuertes y abrumadoras emociones y de hacerlas salir de algún lugar de mi interior, en lugar de recargarla de tics y gestitos. Eso podría haberle resultado repetitivo al público. Así que con April tenía que contenerme para no ser demasiado fiel al libro. Sin embargo, en esta película la historia es fiel, el guión es fiel y la ambientación es fiel.


P: ¿Crees que Frank y April parecen una pareja casi ideal?
R: No exactamente. Existía entre nosotros la opinión unánime de que, cuando apareciesen por primera vez Frank y April, tenían que ser ligeramente más glamurosos que el resto, pero que pareciera casi por casualidad. Por ejemplo, pudieron pintarme los labios de rojo, pero no lo hicieron.


P: ¿Crees que April podría llegar a ser una buena actriz?
R: No. ¡Creo que es malísima! Es muy trágico.


P: Porque cree que actuar puede ser una vía de escape para ella.

R: Para mí era importante que al principio fantasease, no ya con convertirse en una gran actriz, sino simplemente en una buena. Era algo como, ‘Oh, Dios mío, te equivocaste hace mucho tiempo’.


P: Eso encaja después con su fantasía escapista de irse a vivir a París.

R: Exacto. Todos esos detalles ayudan realmente a conformar la sensación de desilusión inconsciente de todos los personajes, pero sobre todo de April.

P: Hay mucha expectación en torno a ti y Leo porque, tras haber protagonizado una película icónica, aparecen de nuevo juntos en la gran pantalla.

R: Sí, y como la novela es tan espectacular y es sumamente importante para nosotros hacerle honor a la historia, es muy bueno que seamos Leo y yo juntos, porque podemos atraer a públicos diferentes. Leo es asombroso. Creo sinceramente que es el mejor actor de su generación.


P: Sin embargo, las interpretaciones del resto del reparto son también sobresalientes.

R: Eso era sumamente importante para Sam. Al poder contar con Leo y conmigo para los papeles protagonistas, pudo contratar a completos desconocidos para algunos de los papeles secundarios. Era libre de elegir sólo al actor que fuera sin duda la mejor persona para interpretar ese papel en concreto. Y eso era un lujo, porque lo que aportaron fue una increíble seriedad y experiencia teatral. Era asombroso estar junto a ese nivel de concentración y entrega. No hay nada como estar en un ambiente de colaboración tan especial como ése. Aprendí un montón simplemente mirándoles.


P: Ciertamente parece teatro. Hay mucha emoción íntima y cruda en la pantalla.

R: Sam sentía el deseo de no planearlo todo, de no poner todos los puntos sobre las íes. No trabajó con un guión gráfico (story board). Ha sido la primera de sus películas en la que ha omitido eso. Sabía que teníamos que resolver las cosas cada día. Por ejemplo, ensayamos la escena de la fiesta de la cena en una habitación completamente diferente. Yo pensaba: deberíamos estar sentados, deberíamos estar apretados. Lo ensayamos y estábamos listos para rodar, pero a Sam le parecía que la cosa no iba bien, y le pidió al resto del reparto que le dijeran lo que pensaban. Todo el mundo dijo que deberíamos estar sentados en el comedor. Hace falta ser un director excepcional para levantar la mano y admitir, ‘me equivoqué, tienen razón, muchas gracias, vamos a probar así’.


P: Tú jugaste un importante papel para hacer que esta película despegara, ¿no?
R: El guión me lo envió mi agente en Los Ángeles. Lo leí y me encantó. Pero dijimos, ‘¿Por cuánto tiempo podremos conservarlo?’ Para una actriz, es raro conservar un proyecto y no convertirse en productor. Pensé: vamos a averiguar quién tiene los derechos, y a hacer sugerencias sobre el director y los otros actores. Entonces sucedió algo extraordinario. Sonó el teléfono en casa y era una vieja amiga de Sam, una actriz llamada Cynthia O’Neal. Ella dijo: ‘¿Estás interesada en interpretar a April Wheeler?’ Yo le dije: ‘Sí, Cynthia, pero, ¿cómo lo has sabido?’ Y ella me dijo: ‘¡Cariño, porque tengo los derechos!’. Cynthia es la viuda del actor Patrick O’Neal, que ganó los derechos de Vía revolucionaria en una partida de póquer. Se sentía tan fascinado por la historia que escribió él mismo un guión, y le legó los derechos a Cynthia. Llegados a ese punto, le pasé el guión a Leo una vez que tomamos café en Nueva York. Le dije: ‘Me encanta, deberías interpretar a Frank’. Lo leyó pero no pasó nada. Nada se hace realidad si no se tiene un director. Así que le dije a Sam, tienes que leerlo. Tu primer pensamiento será: ‘Es una zona residencial, así que será un territorio parecido a American Beauty. Pero te prometo que es una historia completamente diferente’. Entonces Sam y Leo tuvieron una reunión que yo organicé en la ceremonia de los Oscar de 2007. Leo y yo habíamos quedado para tomar una copa. Llamé a Leo para confirmar la cita, pero le dije: ‘Yo no voy, pero Sam sí, y ya está de camino. Tienen que hablar’. Y Sam y Leo tuvieron una gran charla. Dos meses después, estábamos en el plató. ¡Todos los sueños que nunca me atreví siquiera a soñar, haciéndose realidad a la vez!

P: ¿Era difícil volver a casa con Sam después de haber estado en el plató, trabajando juntos en esta intensa historia acerca de una relación que fracasa? ¿Se inmiscuía en vuestras vidas como marido y mujer, o eran capaces de dejarla a un lado?
R: No, no éramos capaces de dejarlo a un lado. Sam lo intentó de verdad al principio porque creo que pensó, bastante acertadamente, que tenía que proteger nuestra cordura. Es muy bueno compartimentando las cosas. Puede hacer múltiples tareas como un loco en el plató, pero cuando vuelve a casa desconecta. Yo siempre creía que dejaba mi trabajo en el trabajo, pero no es así en absoluto. Me lo llevo completamente a casa. Así que necesitaba de verdad hablar acerca de ello. Llegábamos a casa y yo seguía llena de ideas que quería hablar con Sam. Y él decía: ‘Tenemos que tener un sistema. Primero, deja que me quite los zapatos. Segundo, deja que prepare una taza de té para ambos. Y luego, ¿por qué no anotas lo que quieras decir?’
Pero a menudo necesito hablar de algo en el mismo momento en que pienso en ello, aunque sea una idea malísima. Así que Sam se dio cuenta de que sería injusto impedirme hacer eso. Al final resultó ser algo realmente estupendo. De otro modo, hubiera sido algo demasiado confuso. Nos llevábamos completamente Vía revolucionaria a casa, y hablábamos de ello todo el tiempo.

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