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A la memoria de mi padre,
Francisco José López Fajardo y doctor
Pedro Joaquín Chamorro Cardenal,
luchadores cívicos inclaudicables

La patria es como un hijo muerto.

(Lo imagino solamente.)
Duele sin descanso.

Se reaviva en la ignominia.

Se palpa en la prohibición de cada día.

Hojas secas: los derechos disminuidos.

Ojos ciegos: las calles aprisionadas.

Brazo inmóvil: la voluntad cercenada.

Labios agrietados: la libertad reducida.

Y allá, en el fondo de la retina
una luz parpadeante de triangular contorno:
lago, cerros, cordillera, pinares
de donde sale un grito:
¡Aún no soy derrotada!
Búsquenme junto al león dolorido de Darío.

Entre las guitarras campesinas.

En el olor de los guayabales.

Acompañando la sonrisa de los niños.

El trajinar amoroso de las madres.

Hiere la negación de la verdad.

Mancha los labios la mentira repetida.

Torpe destino enajenado.

Juntémonos mar, juntémonos río.

Amarrémonos a la cordillera.

Calentemos corazón bravío junto a los volcanes.

Hagámonos a la vela en nuestros lagos.

Entonemos el himno entre chocoyos.

Hagamos que llueva en nuestros bosques.

Y cubramos de sol esperanzado
las ya martirizadas cenizas
en este caminar de nuestras almas.


Margarita López Miranda
Managua, noviembre de 2008.