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ElPais.com

The Cramps surgen en Nueva York en la segunda mitad de la década de los setenta. Interior (cuyo nombre real era Erick Lee Purkhiser) y su mujer Kristy Wallace (conocida como Poison Ivy) forman el grupo en 1976 para dar salida a su fascinación por la cultura basura de los años cincuenta y sesenta, las películas de serie B, los cómics, la magia negra y el rockabilly. La explosión punk, con su iconoclasta negación de todo lo considerado de buen gusto, fue el vehículo ideal para su sonido y su estética.

The Cramps se convierten en los más raros de ese mítico circuito de inadaptados, compuesto por gente como The Ramones, Patti Smith o Richard Hell que se movía alrededor de clubs como el C.B.G.B. o el Max Kansas City.

A pesar de que sus cifras resultan ridículas (Billboard asegura que de los 14 álbumes publicados por The Cramps, el más vendedor fue Bad Music for Bad People, de 1984, con unas miserables 95,000 copias y que su último disco How To Make a Monster, de 2004, apenas colocó 11,000) la influencia de The Cramps ha sido colosal. No sólo son los inventores del psicobilly, combinación de todas sus pasiones.

Sino que demostraron que el punk, además de rabioso podía ser teatral y divertido, y colocaron en el mapa a muchos de sus mitos con la reivindicación de leyendas olvidadas, como el hoy mítico cineasta Ed Wood y músicos como Link Wray, The Sonics o Hasil Adkins.

De hecho gran parte de sus mayores éxitos son versiones hiperaceleradas de viejos temas de esos entonces ignotos pioneros del rockn’roll que luego recopilarían en su colección Born Bad y que les proporcionaron esa reputación, de la que ellos estaban tan orgullosos, de profanadores de tumbas.