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Los trastornos del sueño se han convertido en una de las patologías más frecuentes, ya que se calcula que 30 de cada 100 personas no duermen bien.

Los trastornos del sueño incluyen tres categorías:

I. Disomnias: son los trastornos de la iniciación y mantenimiento del sueño, trastornos de somnolencia excesiva y trastornos del sueño relacionados con el ritmo circadiano. Entre las disomnias más importantes están: insomnio, narcolepsia, hipersomnia y apnea obstructiva del sueño.

II. Parasomnias: incluye los trastornos al despertar, corresponden a la asociación sueño-vigilia, y otras alteraciones vinculadas al sueño “MOR”. Entre las parasomnias más importantes están: sonambulismo, pesadillas, enuresis nocturna y síndrome de muerte infantil súbita.

III. Trastornos del sueño asociados con desórdenes médico/psiquiátricos.

Los más comunes

Los problemas del sueño más comunes son la falta crónica de sueño, el síndrome de apnea obstructiva del sueño y el síndrome de piernas inquietas. Estos trastornos pueden tener consecuencias negativas en la calidad de vida, e influyen tanto en el rendimiento laboral, como personal. Incluso pueden atentar contra la vida misma, por ejemplo, provocando accidentes de tránsito por somnolencia y principalmente pueden producir serios problemas de salud.

El insomnio

El insomnio es un trastorno caracterizado por la reducción de la capacidad de dormir como consecuencia de factores psicológicos, biológicos y/o ambientales.

Es el trastorno del sueño más frecuente en la población. Estudios epidemiológicos realizados en Europa y Estados Unidos, informan que alrededor del 5 por ciento de la población adulta lo padece, siendo más frecuente en las mujeres que en los hombres, y produciéndose un incremento significativo al aumentar la edad, hasta llegar a un 20 por ciento en la tercera edad.

Según un grupo de expertos del Reino Unido, las mujeres que duermen seis o menos horas al día son más propensas a presentar hipertensión arterial que las que descansan más tiempo. Sin embargo, no se pudo identificar una relación clara entre la cantidad de horas de sueño y la presión arterial de los hombres.

Los hallazgos sugieren una relación en el sexo femenino entre la privación del sueño y la hipertensión, una de las posibles explicaciones es que la privación de sueño contribuye a elevar la presión al mantener el sistema nervioso en estado de hiperactividad, lo que afecta a todo el organismo.

Un caso de Insomnio

Elisa, una mujer de 37 años, directora del centro de atención al cliente de una compañía, tenía problemas con el sueño desde que era estudiante, muchas noches tenía dificultades para quedarse dormida. Se encuentra “mentalmente hiperactiva” a la hora de ir a dormir y no es capaz de parar los pensamientos sobre las experiencias significativas del día, particularmente sus interacciones con clientes insatisfechos. Cualquier excitación nocturna, como por ejemplo, ver una película interesante o asistir a una reunión con amigos la deja incapacitada para dormir en muchas horas posteriores. Ocasionalmente, en mitad de la noche, se despierta sintiéndose muy desvelada y se encuentra de nuevo pensando sobre las cosas ocurridas durante el día. El insomnio ha empeorado durante el año pasado, coincidiendo con más estrés en el trabajo. Se da cuenta de que no ha leído ni una novela desde hace un año y ésta era una actividad que antes disfrutaba.

Cuando tiene que viajar por cuestiones de trabajo ha notado que empeora su sueño. Se encuentra en un estado de sobre estimulación cuando el trabajo le exige ir “corriendo de una ciudad a otra”.

La señora Elisa se divorció hace tres años después de diez años de matrimonio. Sus padres y una hermana habían tenido problemas con el alcohol. Ella es la única de la familia que tiene un trabajo estable.

Esta mujer tiene un problema de larga instauración para quedarse dormida por la noche y despertar frecuentemente durante la noche, siendo incapaz de volverse a dormir.

La paciente es un caso de insomnio crónico

La ciencia determina dos tipos de insomnio: transitorio y crónico.

En el caso del insomnio transitorio se conocen muchos factores que pueden provocarlo, entre los que se destacan las alteraciones ambientales, los cambios de horario y las crisis emocionales agudas.

Las modificaciones de las condiciones ambientales preferidas para dormir por un sujeto pueden dar lugar a episodios de insomnio, especialmente si el cambio es brusco. El tipo de colchón, la temperatura, el ruido, la luz, etc, son también factores que pueden provocar alteraciones del sueño.

Los turnos de trabajo nocturnos hacen que el sujeto descanse durante el día, cuando las condiciones ambientales no favorecen el sueño, reduciéndose la duración del mismo; así, personas que duermen ocho horas durante la noche, sólo consiguen dormir cinco horas y media durante el día.

Los vuelos transcontinentales provocan cambios de horarios rápidos y pronunciados que pueden originar trastornos del sueño.

Los factores psicológicos también intervienen en cerca del 80 por ciento de los pacientes que se quejan de insomnio transitorio. Una persona sometida a una situación estresante (problemas económicos, de trabajo, familiares) presenta como uno de los primeros síntomas del estrés la dificultad para conciliar el sueño, por lo que tendrá más tiempo para pensar en su problema, creando de esta forma un círculo vicioso, además, en estos casos el sueño no puede ser reparador.

El insomnio crónico. La mayor parte de los insomnios crónicos están relacionados con problemas médicos, psiquiátricos o conductuales. No obstante, hay algunos pacientes que presentan insomnio persistente en ausencia de una patología.

El dolor es una de las causas médicas más frecuentes del insomnio crónico. También puede estar relacionado con trastorno de la personalidad, el cual suele ir acompañado de ansiedad y fobias. Las depresiones, las psicosis maniaco-depresivas y la esquizofrenia son condiciones médicas que producen serios trastornos del sueño.

Igualmente, el consumo de grandes cantidades de alcohol provoca alteraciones en la organización del sueño: disminución de la fase del sueño MOR y frecuentes interrupciones del sueño. Asimismo, la supresión brusca del alcohol en un alcohólico crónico afecta el sueño.

El consumo de estimulantes va acompañado de un incremento de la latencia del sueño y una disminución del tiempo total de sueño.


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