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Desde chavalo a Natanael Zepeda Díaz le gustó la danza, pero por falta de recursos económicos nunca pudo ingresar a una academia en Ciudad Sandino, ya que lo poco que se conseguía con la venta de tortillas era para sustentar a la familia.

“Yo le ayudaba a mi mamá con la venta de tortillas, no tenía tiempo ni oportunidad porque no podía pagar las clases de danza. Mi mamá me dijo que me esperara que algún día yo podría entrar a un ballet o tener el mío propio. En ese momento no entendí sus palabras”.Ballet folclórico Tradiciones de Nicaragua.

Natanael señala que su papá manipulaba a su mamá diciéndole que los bailes eran para homosexuales, pero nunca perdió el interés.

El mercado

Él se define como un comerciante nato. Cuenta con orgullo que era el mejor vende tortillas de su familia, entre sus siete hermanos.

“Este camino no ha sido fácil pero aquí estamos. Vendí fresco de chicha en el Israel Lewites, vendí enchilada, pico”, dice.

Ahora cuenta con sus propios tramos, tres en total y dos que él alquila. “Empecé vendiendo chinelas en el suelo. Vendí diez gallinas de raza en 35 córdobas en aquel entonces. Me arrimaba en los tramos vacíos y en un cartoncito ponía mis productos. Después me compré un carretón y era mi tramo andante. Yo siempre he ahorrado. Creo mucho en que quien ahorra siempre tiene y fue así que compré mi primer tramo pequeño y lo construí de perlines”, comentó.

Natanael recuerda que “cuando logré reunir 4,000 dólares me fui a Panamá gracias al apoyo de Pilar Marcia Lechado. Ella me enseño como comprar, cambiar de dólar a córdoba, me presentó a las empresas. Yo dejaba a mi hermana a cargo y me iba a decir tramo por tramo que en ese rinconcito que yo tenía vendía chinelas al por mayor a buenos precios y así se me fue acumulando la clientela”.

La danza

Nunca me imaginé tener un grupo de danza. Siempre fui muy amigo de Gary Blandón, un icono de la danza en Ciudad Sandino, quien al fallecer deja a sus bailarines y ellos después me proponen que yo dirija el grupo. Yo me reí, en ese momento. Pero después con otro amigo bailarín y maestro del Macehuatl, Harold Pérez, en una mesa de tragos le propuse que formáramos un grupo. Yo sería el director general y él el instructor. Yo apoyaría el factor económico.

“Comenzamos con cuatro niñas, dos sobrinas mías y dos amiguitas de ellas. Luego se ingresaron dos alumnas del maestro Gary Blandón y con el tiempo se fueron integrando más personas al ver que teníamos bonitos vestuarios y buenas coreografías. Cuando miré habían 25 bailarines”.

Actualmente el ballet folclórico Tradiciones de Nicaragua  cuenta con 130 integrantes entre edades de 5 a 10 años, de 12 a 15 y 16 a 35. “Es una obra social sin costo. Las clases se dan en el colegio Augusto César, Zona 2 de Ciudad Sandino, y no contamos con ayuda del gobierno municipal porque dicen que no hay presupuesto”, asegura Natanael.

Cuenta que el ballet tiene 35 estilos de trajes para danza y se han logrado gracias a la venta de cajas de cartón y realizan fiestas para recaudar fondos.

“Para mí es un orgullo. No soy maestro, pero he aprendido con este ballet a tocar puertas. Creo mucho en Dios y creo firmemente cuando lo tenés en tu corazón nada es imposible”.

Natanael sueña a futuro con tener una tienda tipo árabe y emplear a muchas personas, ya que muchos lo buscan para una oportunidad, pero cuenta ya con personal suficiente. Para esta temporada, además del personal fijo, contrata a más personas para poder dar abasto “y así que se puedan ayudar para los estrenos o para las comidas de diciembre”, dice.

Internacional

Además de presentaciones en Managua, el Ballet Folclórico Tradiciones de Nicaragua ha hecho espectáculo en Granada, Masaya y Rivas. Asimismo en El Salvador y envió una pareja a Panamá para una competencia de salsa. También enviaron dos parejas a California, sin embargo no ha podido cumplir el sueño de presentarse en la Sala Mayor del Teatro Nacional Rubén Darío, para él es una tarea pendiente, pero no imposible.