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Mucha acción, un reparto multiétnico liderado por una heroína (Felicity Jones) y una firme apuesta por el concepto de rebeldía que definió la trilogía original son los ingredientes de "Rogue One: A Star Wars Story", primer "spin off" (secuela) de la saga galáctica, que se estrenó desde ayer en las salas de cine del país y hoy jueves en todo el mundo.  Hay quien ha querido ver en esta nueva entrega dirigida por Gareth Edwards ("Godzilla") un mensaje antiTrump, tanto por la diversidad racial y de género de sus héroes -una panda de marginados- como por la invitación a la rebelión individual, ante la ausencia de liderazgos claros, para hacer frente al mal, es decir, al Imperio. END

También por la contraposición entre el discurso de la seguridad, que simboliza el Imperio, frente a la libertad, los rebeldes.  Pero lo cierto es que las lecturas políticas y la relación entre el poder y el individuo siempre han formado parte del universo concebido por George Lucas a finales de la década de los 70, y en concreto la apología de la subversión como camino hacia el heroísmo definió los episodios IV, V y VI -la trilogía original-.

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LA TRAMA

Se sitúa temporalmente justo antes del episodio IV y gira en torno al robo de los planos de la Estrella de la Muerte, una poderosa arma de destrucción masiva en manos del Imperio. Los seguidores de la saga ya conocen el desenlace, de modo que la única incógnita es quién y cómo sobrevive a la misión.

Jyn Erso (Felicity Jones) se reserva un papel protagonista, lo que confirma el giro femenino de "Star Wars" tras el episodio VII, "The Force Awakens", con Daisy Ridley (Rey) a la cabeza.

Pero no faltan clásicos como Darth Vader con la voz de nuevo de James Earl Jones; el gobernador Tarik, con un Peter Cushing reconstruido digitalmente, o Bail Organa, el personaje que encarna Jimmy Smits. 

"Rogue One" es la octava película de la saga de "Star Wars" y la primera situada al margen de la narrativa principal.