Karla Icaza M.
  •   Managua, Nicaragua  |
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Hace unos días, acompañé a mi esposo a revisar los inventarios y la caja en una de las sucursales del negocio que tenemos, porque la persona que estaba cubriendo el turno lo llamó para decirle que tenía faltantes de producto y de dinero. A pesar de que era domingo, consideramos importante atender al llamado de forma inmediata. Cuando llegamos, la persona a cargo tenía toda la información a mano y mi esposo procedió a realizar lo que correspondía.

Efectivamente había faltantes importantes. Cuando nos íbamos a montar al carro, tuve un impulso de felicitar a la persona que nos dio la alerta y pensé hasta en darle un “bono en efectivo”, pero en fracciones de segundos recapacité y más bien me pregunté: ¿por qué tengo que felicitar y darle un bono a alguien por hacer lo correcto? Si bien le hice ver a la persona que había hecho lo correcto, no la felicité ni le di el bono, pero me quedó esta gran inquietud que luego compartí con mi esposo y esto nos llevó a una serie de reflexiones al respecto.

No sé cuántas cosas ha hecho mi esposo en el negocio para aumentar los controles, con el objetivo de minimizar los robos; podríamos escribir un manual de cómo robar en este tipo de negocios, con los insumos de todo lo que ha encontrado; realmente la creatividad para robar es impresionante. Pero el colmo es que cuando ha encontrado a alguien robando y lo despide, se da cuenta que otros empleados sabían y cuando él los increpa, le dicen que “no quieren ser sapos”. ¡Ahora resulta que si uno se da cuenta que alguien está haciendo mal y lo denuncia es ser sapo…!  ¡Increíble! ¿Será que la gente ya no practica la honradez y la fidelidad? Me impresiona como las personas que viven de su trabajo no son capaces de cuidar el negocio que les da de comer. Si al negocio le va mal, no es solo el dueño el que pierde su fuente de ingresos; son todos los que trabajan en él.

Quisiera poder entender mejor la conducta humana; no soy experta en estos temas, pero lo que sí puedo decirles es que nosotros mismos nos hemos equivocado con los mensajes que le damos a nuestros propios hijos cuando están creciendo….si sacas buenas notas, te doy un premio. Me acuerdo haber tenido una conversación al respecto con uno de mis hijos —seguramente fue Sebastian, que siempre tenía un argumento para todo— estando en primaria un día que llevó el boletín y había mejorado las notas (pero nada que fuera ¡wow!), me preguntó si le íbamos a dar un premio… Me acuerdo que lo quedé viendo y le dije: ¿por qué te vamos a dar un premio por hacer algo que debes hacer todo el tiempo? Estudiar es tu única obligación… Fin de la conversación.

He trabajado para alguien toda mi vida, pues el gen de los negocios no me llegó, entonces sé lo que significa sentirse parte de algo; querer cuidar lo que me han confiado, hacer lo que me toca para que la empresa salga adelante, aunque no sea mía. Tenemos que enseñarle a las generaciones que vienen detrás que siempre hay que hacer lo correcto, no para recibir una recompensa, sino porque es lo correcto.