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"Un monstruo viene a verme", el drama fantástico de Juan Antonio Bayona, y "Tarde para la ira", ópera prima del conocido actor español Raúl Arévalo, se convirtieron el sábado  en las grandes triunfadoras de los premios Goya, los más importantes del cine español.

La primera, una historia que ahonda en la muerte y el miedo a través de la mirada de un niño, se llevó nueve de los 12 galardones a los que optaba -la mayoría técnicos- y coronó a Bayona ("Lo imposible", "El orfanato") como mejor director.

"Para mí es un orgullo representar el cine español aquí y fuera", dijo el cineasta español, uno de los más internacionales.

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Aunque con menos premios, en este caso cuatro, Raúl Arévalo conquistó a la Academia del Cine español con su primer trabajo tras la cámara. El actor, protagonista de filmes como "La isla mínima", se llevó el primer aplauso de la noche, al recoger el Goya al mejor director novel, y también el último, ya que su obra fue elegida como mejor película.

"Quiero dar las gracias a todo mi equipo por ayudarme a hacer realidad mi sueño", dijo el director debutante, quien en 2009 se llevó el Goya al mejor actor de reparto por su papel en "Gordos" y hoy agradeció el premio a todos los directores que a lo largo de su carrera le enseñaron "a hacer cine".

Otra de las grandes triunfadoras de la noche fue la actriz Emma Suárez, quien recogió dos estatuillas con el busto del pintor Francisco de Goya: una por su trabajo en "Julieta", dirigida por Pedro Almodóvar, y la otra, en la categoría de mejor actriz de reparto, por "La próxima piel", de Isaki Lacuesta e Isa Campo.

"Gracias Pedro Almodóvar por este personaje que tanto sufre en la pantalla y que tan feliz me ha hecho fuera de ella. Gracias por ser tan exigente, tan minucioso, tan impecable, tan difícil a veces. Porque eso hace que una lo pase fatal y quiera mejorar", le dijo sobre el escenario al oscarizado director español.

El actor Roberto Álamo se acordó de sus compañeros, de su familia y de la actriz argentina Cristina Rota, su "maestra", al recoger el Goya al mejor actor por su papel de policía oscuro en "Que dios nos perdone", un "thriller" dirigido por el joven Rodrigo Sorogoyen que también estaba entre las películas favoritas.

"El hombre de las mil caras", el filme de Alberto Rodríguez inspirado en la historia del espía español Francisco Paesa y que optaba a 11 premios, se quedó con el de mejor guion adaptado y el de mejor actor revelación, que fue para Carlos Santos.

En la categoría femenina, el galardón fue para una emocionada Anna Castillo, quien encarnó a una joven "luchadora", como ella misma calificó a su personaje, en "El Olivo", de Icíar Bollaín.

También "emocionado y conmocionado" se mostró el actor Manolo Solo, mejor actor de reparto por su trabajo en "Tarde para la ira", quien tuvo palabras de agradecimiento para Raúl Arévalo. "Gracias por tirarme por el barranco, porque efectivamente tenía alas para volar", le dijo al director de la cinta.

En el auditorio del hotel Marriot de Madrid hubo también sabor latinoamericano. El filme argentino "El ciudadano ilustre", de Gastón Duprat y Mariano Cohn, brindó al país suramericano su Goya número 17. Y "Frágil equilibrio", dirigido por el español Guillermo García López y narrado por el expresidente uruguayo José Mujica, se llevó el premio al mejor documental.

En la categoría europea, el galardón fue para "Elle", dirigida por Paul Verhoeven y protagonizada por una Isabelle Huppert que opta al premio Óscar.

La fiesta de los Goya, conducida por tercer año consecutivo por el actor y humorista Dani Rovira, estuvo salpicada de actuaciones musicales, homenajes, dedicatorias, chistes, reivindicaciones e incluso alguna que otra alusión a Donald Trump.

"Que sepas que aquí en España la palabra cine se escribe con 'i' latina", espetó Rovira al presidente estadounidense.

En medio de la gala, el maestro de ceremonias se subió a unos tacones para reivindicar a las mujeres en la industria del cine, que en esta 31 edición de los Goya alumbró solo a 18 directoras candidatas frente a 78 directores.

"A veces pienso que si no se necesitaran mujeres para interpretar a mujeres, ni siquiera estaríamos las que estamos", dijo la actriz y cantante Ana Belén, quien a sus 65 años subió al escenario a recoger el Goya de honor.

Al borde de las lágrimas, y tras hacer un breve repaso a medio siglo de carrera, la intérprete continuó reivindicativa: "Salud y trabajo para esta profesión que no se merece tanto desprecio de sus gobernantes", exclamó al terminar su discurso.

La presidenta de la Academia de Cine española, la diseñadora de vestuario Ivonne Blake, y su vicepresidente, el director Mariano Barroso, también se pusieron serios. "El Estado ha recaudado en concepto de (impuesto de) IVA de entradas al cine 28 millones de euros más de lo que va a gastar en él", recordaron al ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, quien estuvo presente en la gala.

"No somos un sector que vive del Estado. A pesar del desempleo que golpea a nuestros actores, del 92 por ciento, a nuestros técnicos, a nuestros creadores, somos un sector que crea riqueza, actividad y oportunidades de empleo", destacaron antes de pedir a los partidos políticos "un pacto de Estado por el cine.