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No padece de hipertensión ni de diabetes. Tiene buena la vista y es dicharachero, pero eso sí, el baile ya no es lo suyo como en sus tiempos mozos. De chavalo, Milciades Poveda quería ser ingeniero o tomar cualquier otra carrera universitaria, pero tener una profesión “normal”.

Tenía otras metas e intereses, pero de repente descubrió la música. Fue como a sus 16 años de edad, recuerda. “Me metí a hacer cosas que no estaban en mi programa y la música me llamó más que otras cuestiones, y eso me ha llevado hasta acá donde estoy”.

Poveda no se arrepiente de no haber tomado la carrera universitaria pues “la mayoría de los músicos ya venimos predeterminados, porque la mayoría son profesionales, pero nadie se dedica a su profesión. Se dedican completamente a la música porque nos absorbe. La música es como Pancho Mambo: es una droga  espiritual”, comenta.

Sobre el V Festival Internacional de Bolero, que se lo dediquen a él, Poveda dijo sentirse lo más gozoso y feliz. Varios artistas  se presentarán esta noche en el Teatro Nacional Rubén Darío a las 7:30 p.m. para hacerle un merecido tributo.

El costo de las entradas es de 250, 200 y 150 córdobas, según la localidad.

Sus gustos

Además “Tengo 68 años de no padecer de ninguna enfermedad. No sé si es por el estilo de vida de antes o de ahora.

No tomo medicamentos, me gusta dormir, comer e ir al cine. Creo que toda esta energía que tengo es por el positivismo de todos los días. Yo me levanto siempre con ideas nuevas y con ganas de meterle bulla al día”.

También le gusta pasear. Cuando está aburrido se va sin compañía a conocer algún pueblo y ver cosas nuevas.
Cuenta con una familia numerosa. 12 hijos en total “regados por el mundo”, dice. Algunos están en Costa Rica y Estados Unidos. “No me quejo de ellos, todos son buenos hijos, me escriben de vez en cuando, aunque sea para un saludito, pero eso es muy reconfortadle”.

Para Poveda, la música te va llevando de un lado a otro. Te mueve todo, por eso al feo, flaco, gordito, panzón le abre puertas. A veces se cierran.

Su inicio

Sus primeros acordes los aprendió de forma empírica, asistiendo a reuniones donde se tocaba guitarra, requinto y mandolina. Pero en los años 80 comenzó a estudiar en la Escuela Nacional de Música bajo la enseñanza de Pablo Buitrago. Estuvo entre asistencias y disertación por un tiempo hasta que le tocó intercambiar roles y enseñar música a la nueva camada en la misma institución.

“Crecí oyendo bolero. Yo recuerdo a unos muchachos de León ( su tierra natal) tocando y dije '¡qué rico suena esto!'. Y me dediqué todos los domingos a escuchar los programas de ellos y eso me llevó al bolero y no he parado, independientemente que la música nica me atrae como no tenés idea. También la música sureña. Intento experimentar por todos esos caminitos".  

Le gusta el bolero, pero confiesa entre risas que tiene dos pies izquierdos “y me enredo mucho, los músicos generalmente no bailamos”.

Además, “si ya de por hecho con la guitarra estoy enredado, con otro instrumento no daría más. Con la guitarra estoy feliz y contento”, confió.