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Amor. Para él es un animal colorido que habita sus huesos, que da luz a sus textos y carne a sus ilustraciones.

Brisa. Es la que le trae la memoria de su primera casa, “esa en la que papá me leía tebeos en francés y en la que mamá me enseñaba a ser original y nunca copiar”. 

Conciso. “Es la virtud celebrada por Monterroso y que yo aprendí de boca de Roberto Stuart y Germán Pomares, al menos en los textos, no así en mi verborrea”, define.

Daimón. “Es aquella voz que indicaba a Sócrates sus errores y que adopté muy temprano como consejero”, explica.

Elipsis. Es para él un artilugio que ocultando frases y palabras, nos permite alcanzar la complicidad del lector y la lectora que Umberto Eco anunciaba.

Felicidad. La ve como “esa licencia que tardé más de 40 años en tramitar. También es el estado que resulta de releer algo propio como si fuera ajeno”.

Galaxias. Son las que se multiplican en el cielo nocturno de mi ciudad, despertando la imaginación en mi infancia, cuando soñaba con los universos de Asimov, Dick y Le Guin.

Hurgar. “Es lo que hacemos los escritores: hurgamos en la vida de los demás, en sus gestos y narraciones, en nuestras propias falencias, en nuestras heridas y memorias”, concibe.

Ignoto. Es el camino que siempre tomó al escribir una historia, “apenas con una premisa iluminando el sendero, permitiendo al texto descubrirse ante mí”.

Jirafa. Es ese animal que un día Carlos Comas fijó en su mente como una metáfora de vida: “tener la cabeza en las nubes para soñar, pero con los pies firmes en la tierra”

Kafkiana. Es las sensación que tuvo “al leer das Schloss, una tragedia absurda que por décadas pesó en mis textos”.

Lago. Es ese gigante que crece y decrece con las visitas del niño y la niña a mi país, generando en mi mente cuentos colmados de agua.

Minificción. Para él es lo que algunos consideran textos de galletas de la suerte y que para otros son creaciones de laboratorio en los que comprimimos palabras para producir fantasías.

Nubes. Esas que pasan por mi cielo tropical, encarnando dragones y castillos y todas aquellas formas que existen en la ciudad de los antiguos emperadores.. 

Olvido. “Es el territorio que existe en los márgenes de nuestras historias”, considera.

Pasado. Para el escritor “es lo que nos alimenta de palabras y de las miradas de todas las versiones previas de nosotros mismos”.

Quijote. Es ese libro que nos dividió en la escuela entre los que amaban y los que odiaban a Cervantes y que a mí me introdujo al humor en las letras, junto a Poncela y más adelante Milas.  

Rizoma. Considera que es esa planta que crece y se multiplica cada vez que una minificción logra condensar un universo entero en un diminuto fractal narrativo

Sombra . Es la que nos recuerda, en palabras de Hozier, que nunca domemos a nuestros demonios, que los mantengamos atados a una correa... además de alimentar con ellos nuestros textos.

Troya. “Es la manera que tiene Homero para invitarnos a explorar la mitología y vivir bajo la piel de dioses, diosas, héroes y monstruos”, asevera..

Umbral. Es lo que separa nuestra mente del papel, nuestros dedos de las pantalla, nuestros ojos de los libros, ese momento exacto en que se abre una ventana, e imaginación y escritura se funden irremediablemente.

Vaca.  Es ese animal que inspiró su primer cuento. Un ser extraño de pensamiento ilegible que tanto admira Gary Larson en su mundo del Far side.

Wlathe Mariano, Lupián Miguel, Rodríguez Solange, Chimal Alberto, Zarate José, Valenzuela Luisa y Shua Ana, son algunos de los monstruos minificcionistas que podrías estar leyendo ahorita

Xenón. “Es un elemento químico de la tabla periódica y la evidencia de que ya no logré encontrar una palabra con X que hiciera sentido en esta entrevista”, ilustró. 

Yeti. Es un animal legendario que junto al hombre lobo que habitaba las acacias, el ser hecho de cera del cuarto del fondo y la criatura bajo mi cama, formó parte de mi zoológico imaginario.

Zombi. Es esa ficción que nos habla de nuestro consumo sin fin, de los apocalipsis que tememos y a veces invocamos y más recientemente -de acuerdo a Warm Bodies- el recuerdo de que el amor es un animal colorido que no debemos olvidar.