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Demostrar la trascendencia de Darío en dos países del istmo centroamericano en los que no tuvo mucha presencia física, es el objetivo que cumplió el escritor Francisco Bautista Lara en el segundo tomo de “Los últimos 100 días de Rubén Darío”, en el que presenta su legado a Honduras y Panamá, para culminar 7 años de investigación.

La lógica de la primera parte de su investigación eran los países en los que Rubén Darío tuvo una permanencia física, nació y murió en Nicaragua, vivió aquí; en El Salvador tuvo dos estadías, en Costa Rica una de casi un año y en Guatemala estadías relativamente largas, y ocupó puestos importantes como la dirección de periódicos.

Pero con Panamá y Honduras su relación es más circunstancial, sin embargo, no por eso su huella es insignificante, por el contrario, Darío en Honduras  influye en toda la generación literaria de la época.

Por ejemplo, Froilán Turcios, un intelectual y político hondureño, fue influenciado por Darío. Juan Ramón Molina, el poeta más modernista de Honduras, también tiene una gran veneración por él. En el caso de Panamá Guillermo Andreve, uno de los próceres firmantes de la independencia de ese país fue muy cercano a Rubén Darío. Ricardo Miró,  de los escritores más prolíferos de Panamá también es influenciado por el nicaragüense y Darío Herrera precursor del modernismo panameño.

Toda la generación literaria de ambos países tiene una influencia evidente de Rubén Darío a pesar de que su presencia física fue efímera en ambos.

“En Honduras, Darío estuvo dos veces, aunque la primera vez quien en realidad llegó fue Félix Rubén García Sarmiento, un niño al que lo llevó su madre y se quedó varios años en San Marcos de Colón, hasta donde llegó con Juan Benito Soriano.

El primer recuerdo de él precisamente es en San Marcos de Colón, en la hacienda Las Lajas, ubicada a 12 kilómetros de la frontera con Nicaragua”, señala el escritor.

La segunda visita a Honduras fue de tránsito, porque venía en el barco de Nueva York e hizo escala técnica en Puerto Cortés, donde varios escritores hondureños llegaron a recibirlo para reunirse con él.

Otro escritor hondureño muy influenciado por Darío es Eliodoro Valle,  quien escribió un poema llamado “San Rubén Darío”.

Dudas

Cabe resaltar que Bautista Lara conoció de  una leyenda muy importante de la que incluso han hecho ecos los medios de comunicación del vecino del norte: la posibilidad de que Darío tenga sangre hondureña.

La leyenda surge porque se han hecho una pregunta muy razonable y es por qué doña Rosa Sarmiento se va a Honduras con el estudiante hondureño Juan Benito Soriano, quien estaba hospedado en la casa de doña Bernarda y se lleva al niño recién nacido, lo que les ha despertado la suspicacia de creer que lo hizo porque Soriano era su verdadero  padre.

Otro hecho que da pie a la duda es que estando en París, Darío tomó como médico personal a

Nazario Soriano, familiar de Juan Benito Soriano, a quien el poeta llamaba su pariente.

Panamá

Asimismo, si Manuel García es el padre de Darío, eso significa que en el poeta hay sangre panameña porque el papá de don Manuel es Domingo García, nacido en la provincia de Veraguas, emblemática porque los reyes de España se la heredaron a la descendencia de Cristóbal Colón. 

En Panamá estuvo de tránsito en sus múltiples viajes. La presencia más larga fue de mes y medio y se dio cuando lo nombraron cónsul de Colombia, cuando Panamá era un departamento de ese país.

“Llegó a Panamá en 1893 y se encontró con su esposa, Rosario Murillo. Ese abril fue la última vez que se encontró con ella de manera amorosa, pues después de ello Rosario se enfermó, estaba embarazada, y el vínculo físico con ella se rompió pero se mantuvo vivo mediante cartas, hasta que Francisca Sánchez lo borró”, compartió Bautista Lara.

Pasó siete veces por Panamá de tránsito, pero no tuvo trabajos como en otros países del istmo pero queda demostrado que su influencia es evidente, más allá de su presencia física.

El libro se presenta hoy en el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica en un conversatorio con el doctor Víctor Manuel Ramos, miembro de la Academia Hondureña de la Lengua, y con el doctor Guillermo Pérez Cadalso, hijo de don Eliseo Pérez Cadalso,  quien dijo: “Después de un parto como Darío, Centroamérica tiene derecho a cien años de convalecencia”.