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El escritor español Juan Goytisolo murió ayer a los 86 años en la ciudad marroquí de Marrakech (oeste), con la que tuvo una vinculación única en su vida y en la que residió en las últimas décadas.

“Murió por causas naturales y en su propia casa”, dijeron a Efe fuentes del consulado español en Casablanca (del que depende la demarcación de Marrakech), que descartaron que el cadáver sea repatriado a Barcelona, pues será enterrado en Marruecos.

El destino de los restos del escritor será el Cementerio Civil de Larache (norte), donde está enterrado un escritor que Goytisolo admiraba, el francés Jean Genet, como él mismo homosexual declarado, enamorado del mundo árabe y con un aura de escritor maldito en las letras francesas.

Goytisolo sufrió un ictus el pasado marzo, que se añadió a una fractura de fémur sufrida el año anterior, lo que le hizo perder mucha movilidad en los últimos tiempos, en los que solamente salía de su casa en la medina (ciudad antigua) para tomar un té en la plaza Yamaa al Fna que tanto ayudó a dar a conocer en el mundo.

Goytisolo vivía en una casa antigua de la medina, que como es corriente en la ciudad disponía de un patio interior donde crecían un naranjo y un limonero que proveían sombra. Bajo su copa se sentaba el escritor; en el piso de arriba, disponía de una enorme biblioteca personal y una oficina donde escribía.

Pero en los últimos años, Goytisolo ya casi no podía escribir, y en sus colaboraciones periodísticas o literarias era ayudado por Ricard Parise, un amigo personal también residente en Marrakech y que fue el primero en transmitir la muerte del premio Cervantes.

 “La ciudad ha perdido a un gran escritor, que eligió vivir entre nosotros, y los marrakechíes estaban contentos de tenerlo como vecino”, dijo a Efe el alcalde de Marrakech, Mohamed Belqaíd.

“Desgraciadamente, la ciudad no dispone de un ‘cementerio compartido’, por lo que tendrá que ser enterrado fuera de la ciudad”, añadió el alcalde.

Efectivamente, Goytisolo, descreído declarado de todas las religiones, había dejado clara su voluntad de ser enterrado en Marruecos, pero no en un camposanto católico. Eso dejaba muy pocas opciones, pues casi todos los cementerios son musulmanes o judíos, y algunos pocos cristianos.

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