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Cuando la voz poética es auténtica arrasa como un huracán con letras que llevan la fuerza del sentimiento,  que se alzan en protesta por lo injusta que puede ser una sociedad y  que sirven de eco a quienes por distintas razones de exclusión son condenados a vivir en el silencio.

Con ese ímpetu irrumpió en las letras centroamericanas una nicaragüense que adoptó a El Salvador como su patria putativa. Su nombre es Clara Isabel Alegría Vides, aunque se reveló a las letras como Claribel Alegría.

Su carrera literaria estaba destinada a ser acompañada por la estrella del éxito, pues desde su primera obra contó con el espaldarazo de grandes de la literatura, en aquellos años en los que la poesía escrita por mujeres no solo era mal vista, sino que se minimizaba y encasillaba a la que se atrevía a hilvanar versos.

Fue nada más y nada menos que Juan Ramón Jiménez quien descubrió el valor de la palabra de Claribel Alegría, por lo que se dio a la tarea de guiarla por el sendero poético hasta lograr que conformara Anillo de Silencio, la obra que la dio conocer.

Por si tan valioso tutor no fuera suficiente aliciente para una novel poeta, ese primer libro contó con un prólogo del reconocido filósofo José Vasconcelos.

Su poesía definitivamente se ha caracterizado por el compromiso social, por ser dura contra los regímenes opresores y también por exaltar el amor.

A sus 93 años, con una obra prolífera y varios reconocimientos literarios en su poder,  “Su Majestad”, como se le conoce en el círculo literario, fue sorprendida con la noticia de que se le concedió, hace un mes exactamente, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

Cuando el PEN capítulo Nicaragua presentó la candidatura de Alegría esgrimió diversos argumentos y citó las palabras de reconocidos escritores que se ocuparon de su obra, entre ellos Mario Benedetti, quien escribió varias críticas de la obra de la ilustre centroamericana.

Benedetti consideró que fue a partir del poema Monólogo de domingo, del poemario Vigilias, que Claribel se encontró a sí misma, y que “simultáneamente encontró el tono más adecuado de su voz”.

 “De ese constante conflicto con el mundo, de ese amarlo y odiarlo al mismo tiempo, nace una poesía vital, llena de estupores y reclamos”, señaló. También el uruguayo manifestó sobre el poemario “Huésped de mi tiempo”, que en él  hay  “un  misterio que no siempre es el mismo, de modo que ninguna contraseña resulta válida. Cada poema es un secreto aislado, y el lenguaje abierto, cotidiano, sólo un vitral de imágenes que permite el paso de la luz, pero no siempre el de la verdad que la origina”.

Homenaje

En reconocimiento al aporte que Alegría ha hecho en 59 años de vida literaria, esta tarde se le tributará un homenaje que incluye la presentación de su último poemario, “Amor sin fin”, dedicado al escritor que no solo fue su esposo, sino también su cómplice en las letras y su inspiración: Darwin J. Flakoll.  A más de 20 años de la muerte de Flakoll, Alegría sigue enamorada y a él ha dedicado este libro que contará con la particularidad de que la lectura incluirá performance hecho por  las escritoras Gioconda Belli, Blanca Castellón, Michélle Najlis y Marianela Corriols.

PEN Internacional, Asociación Nicaragüense de Escritoras (Anide), Anamá Ediciones y el Centro Nicaragüense de Escritores unieron esfuerzos para realizar el homenaje que se llevará a cabo en el Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra, a partir de las 6:30 de la tarde.