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Mientras el público estallaba en aplausos y vítores, las banderas de Corea del Sur y Nicaragua ondeaban al centro de la Sala Mayor del Teatro Nacional Rubén Darío, cubiertas por confeti y luces rosáceas. 

El escenario estaba lleno de artistas de ambas naciones: unas bailarinas vestían güipiles y faldas indígenas, mientras otras portaban los tradicionales hanboks coreanos. El contraste era profundo, pero también fue evidente que la cultura de los dos países quedó entrelazada esa noche, a través de la danza y el canto. 

Fue el pasado jueves 13 de julio, cuando los asistentes al espectáculo del grupo Morning Star Cultural Center lograron apreciar esa fusión cultural, durante los casi noventa minutos que duraron las nueve presentaciones artísticas. 

En el comienzo del mundo

El show dio inicio pasadas las siete de la noche. Entre los asistentes había coreanos y nicaragüenses, aunque estos últimos estaban más expectantes y ansiosos por observar, en su mayoría por primera vez, un espectáculo traído directamente desde el viejo mundo.

La primera presentación fue “en el comienzo del mundo”, una melodía que representaba sonidos  de la creación del cielo y la tierra, según el programa artístico. Cuatro bailarinas en trajes rosados se apoderaron del escenario, danzando al tiempo que tocaban los tambores “buk”, mismos que cambiaban de posición a manos de tramoyas. La maestría de las músicas era impresionante.El clímax del evento ocurrió cuando ambas compañías artísticas se fusionaron para tocar el Solar de Monimbó

Intercambio cultural

“Traemos para ustedes la más representativa y auténtica muestra de la milenaria tradición cultural de Corea”, dijo el embajador de Corea del Sur en Nicaragua Seok-hwa Hong, durante las palabras de apertura que prosiguieron al primer baile. 

Luego diría el embajador lo que todo el público logró experimentar: “cada música y danza va a interpretar los sentimientos del pueblo coreano, como el respeto a los mayores, amor, tristeza y nostalgia por su familia y pueblo natal”. 

Esta es la segunda vez que la Embajada de Corea trae esta muestra cultural durante el año, en que celebra el 55 aniversario de relaciones diplomáticas con Nicaragua. 

Hermoso país

Con más artistas coreanos en escena, la siguiente pieza fue “hermoso país”, que logró el objetivo de expresar la hermosura de la naturaleza coreana, a través del instrumento “gayagum” de veinticinco cuerdas, el violín eléctrico, la guitarra y el saxofón. 

Pocos segundos se oscureció el escenario hasta que comenzó a sonar una melodía diferente. Ya no era asiática, ya no era el sonido de los buks. Fue un cambio súbito, los espectadores regresaron sus mentes a la realidad nicaragüense: era el ballet folclórico de Haydeé Palacios que empezaba a zapatear las tablas. 

Después del popurrí que tocó la marimba Flor de Pino, y en el que bailaron canciones del mestizaje y del folclore tradicional, la música pinolera dejó nuevamente el escenario para dar lugar a la siguiente danza coreana. 

Así el público se fue adaptando a la dinámica de esa noche, en la que los artistas de ambas naciones compartieron el mismo escenario, unos interpretando piezas nicaragüenses y vistiendo trajes con lentejuelas y arreglos de plumas; y otros representando a la música coreana, tocando tambores de madera y pieles, e instrumentos de cuerda inventados hace más de un siglo. 

El clímax del evento ocurrió cuando ambas compañías artísticas se fusionaron para tocar el Solar de Monimbó. El público se emocionó al escuchar el “gayagum”, el violín eléctrico y la guitarra acompañando a la marimba para interpretar esta pieza icónica del folclore nicaragüense.