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En los confines de la frondosa selva del noroeste de Ruanda, donde los volcanes juegan al escondite con la niebla, el encuentro entre el cantante nicaragüense Hernaldo Zúñiga con los gorilas fue "casi espiritual".

Los grandes simios amenazados de extinción son el único motivo que empujó a Zúñiga y su familia a hacer escala en el País de las Mil Colinas antes de continuar sus vacaciones en Kenia y Sudáfrica. Interrumpió brevemente su compra en una tienda de souvenirs para conversar con la AFP.

Pero las autoridades ruandesas no quieren contentarse con su principal atracción turística: quieren diversificar la oferta concentrándose en el sector de alta gama del mercado, lo que quedó en evidencia al duplicar a partir de mayo el precio de la visita a los primates, que alcanza ahora a los 1,500 dólares (1,300 euros).

"Se trata de una actividad que debe ser limitada a un pequeño número" de visitantes, justifica Clare Akamanzi, directora general de la Oficina de Desarrollo ruandesa. "Nuestro turismo se basa esencialmente en nuestros recursos naturales y no jugamos con la preservación" del medio ambiente, añade.

El turismo de lujo produce grandes márgenes de ganancia y un impacto reducido sobre la naturaleza, y ha sido puesto en práctica con éxito en particular en Botsuana y Bután.

En cuanto a Zúñiga, se considera afortunado de haber reservado su permiso para visitar el Parque Nacional de los Volcanes antes del aumento de las tarifas, que a su parecer "será un serio freno para mucha gente". La observación de los gorilas se convertirá "en patrimonio de una élite", se lamenta.

Big Five

El macizo de los Virunga, en los confines de Ruanda, República Democrática del Congo (RDC) y Uganda, es el último santuario en el mundo de gorilas, cuyo número ha aumentado progresivamente en los últimos años gracias a los esfuerzos de conservación de la especie, que alcanza actualmente a unos 900 individuos.

Un gorila de Ruanda, que está en peligro de extinción. AFP/ENDLos permisos para visitar a los gorilas son mucho más baratos en la RDC (400 dólares) y en Uganda (600 dólares), pero las autoridades ruandesas destacan las ventajas del país.

Desde el genocidio de 1994, en el que perdieron la vida 800,000 personas, Ruanda destaca y es alabada por su estabilidad y progresos económicos, a pesar del régimen de mano de hierro impuesto por el presidente Paul Kagame.

"Es un país limpio, organizado y seguro, que lucha sin cuartel contra la corrupción. Ponemos todo en obra para crear una buena experiencia", detalla Akamanzi.

Pero, el desafío de la competencia, sin embargo, no es el mayor que enfrenta Ruanda: se trata también de convencer a los turistas de quedarse más de cuatro días, que es su media en el país, el tiempo de un 'trek' por las montañas al que a veces se añade una visita al Memorial del Genocidio, en Kigali.

"Queremos mantener la alta gama como un punto de referencia para el turismo, pero también brindar otras ofertas", explica Akamanzi, precisando que el turismo ya representa la más importante fuente de divisas para el país (400 millones de dólares de ingresos en 2016).

Ruanda cuenta, por ejemplo, con desarrollar el turismo cultural y también el deportivo, para lo que se apoya en particular en el renombre en aumento de su Vuelta ciclista anual.

El país aspira además en convertirse en un destino para safaris, y recientemente reintrodujo leones y rinocerontes en el Parque Nacional de Akagera (este), con el objetivo de dotarse del "Big Five" (león, rinoceronte, elefante, búfalo y leopardo).

¿Pérdida de beneficios?

Al pie del Parque Nacional de los Volcanes, los hoteles de gama media se inquietan por el aumento del precio de visita a los gorilas, aunque estiman que aún es muy pronto para evaluar el impacto de esta medida.

"Corremos riesgo de perder ingresos sustanciales para la industria y el gobierno", se había alarmado la Asociación ruandesa de operadores de turismo, señalando que justo antes del aumento de la tarifa no se habían vendido todos los permisos en temporada baja.

El tour-operador Aloys Kamanzi subraya que el ritmo de las reservaciones bajó de ritmo desde mayo, pero se mantiene confiado.

"La gente que viene a ver a los gorilas aquí son jubilados que disfrutan del dinero ahorrado durante años", analiza, precisando que muchos vuelven varias veces.

Hernaldo Zúñiga piensa que Ruanda debe "hacer más para mejorar su turismo", y particularmente cambiar la imagen del país, siempre asociada al genocidio de 1994.

Sin embargo, dice, "una vez que llegas aquí, es increíble, la gente es excepcional, el país magnífico (...) Me gustaría quedarme por más tiempo".

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