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Las cristalinas aguas de un trecho del río en el que mujeres mískitas entran en contacto con el agua para purificarse sirven como hilo introductorio para el documental “Las mujeres del Wangki”, de la cineasta nicaragüense Rossana Lacayo.

El trabajo de Gota Films no solo muestra la exótica belleza de los paisajes del  Caribe, sino que nos hace testigos de la cosmovisión de las mujeres mískitas y mayagnas, sus bailes, sus costumbres, el sincretismo religioso claramente evidenciado con la celebración por la llegada del nuncio apostólico  Fortunato Nwachukwu, y los testimonios de algunas mujeres que aseguran que pasaron de adorar la cabeza de las vacas a festejar a la Virgen de Fátima, mientras que en otras comunidades la iglesia moraba prevalece.

15 machetazos contra una embarazada

Asimismo, el documental revela la vulneración de los derechos de las mujeres, todavía los padres pueden imponer a las jovencitas con quién deben casarse, asimismo llegan hasta negociar con los violadores para que con bienes materiales “paguen” por el abuso.

En Managua la premier del documental será el próximo 23 de agosto a las 7 de la noche en los Cinemas Galerías y permanecerá una semana para el público en general.

Ya se proyectó dos veces en Waspam,  y está previsto también en Puerto Cabezas y La Esperanza. Durante el resto del año se presentará en las filiales del Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica en las ciudades de Matagalpa, Jinotega, Masaya, Chinandega, León y Granada, así como en el circuito de festivales internacionales.

En esta entrevista, la cineasta Rossana Lacayo habla sobre las condiciones en que viven las mujeres del Wangki o río Coco.

¿Por qué decidió documentar la vida de estas mujeres?

Cuando fui a filmar el documental de las Pikineras, en el Caribe Norte de Nicaragua, me di cuenta de la existencia de movimiento de mujeres mískitas que habitaban las riberas del río Wangki o Coco. Estas mujeres organizadas luchaban por cambiar las tradiciones machistas de sus comunidades y al mismo tiempo elevar los niveles de vida de las mujeres mískitas. En octubre del año pasado realicé un viaje a Waspam, para investigar y al mismo tiempo escoger quiénes podrían documentar cómo viven en la región. Este año en enero regresamos con el equipo a filmar los testimonios de estas valientes mujeres.

¿Cuáles son los principales motivos por los que se les violenta?

La cultura mískita, como la nuestra, tiene elementos fuertes de discriminación hacia las mujeres, muchas veces se le considera un ciudadanos de segunda categoría, incluso hay pruebas de venta de niñas y trueque con animales. Ellos le llaman el “Talamara” es decir que cuando violan a una niña el castigo se resuelve con el pago de una vaca o un cerdo, dependiendo de las condiciones económicas del violador.

¿En qué condiciones viven estas mujeres?

Las zonas del Caribe Norte han sufrido la marginación durante años en nuestro país. Por un lado está la falta de acceso, es decir, al momento todavía no existe una buena comunicación vial en esa zona,  donde filmamos, en la comunidad La Esperanza a dos horas en panga, no tienen ni luz ni agua, lo que dificulta su desarrollo y salud en general. Tampoco hay presencia de instituciones del estado, como Policía, Ejército, puestos de salud, etc.

¿Qué ha significado para ellas poder estar organizadas para enfrentar la violencia?

Las mujeres del Wangki tienen 8 años de estar organizadas y se reúnen una vez al año para discutir su problemática y lograr cambios en su situación. El último foro organizado en octubre del año pasado contó con la presencia de ochocientas mujeres, miskitas y mayangnas,  hoy en día las cosas están cambiando, por ejemplo ya hay mujeres en los gobiernos comunales indígenas. Hay mujeres  “whitas” que son los jueces, o sea que las mujeres están logrando entrar en las esferas de poder, poco a poco para cambiar su vida, luchar en contra del machismo, la violencia intra y extrafamiliar y contra del despale y la invasión de colonos.

¿Cuánto tiempo duraron en la producción del documental y qué obstáculos enfrentaron?

En total la filmación se desarrolló entre octubre del año pasado y enero de este año. Filmar en esa zona es caro, principalmente por los costos del transporte, desde Managua hay que viajar en avión hasta Puerto Cabezas o Waspam, entre ambas poblaciones  existe una única carretera de macadán, muy deteriorada, y luego el transporte fluvial también es caro. O sea que siempre el problema para realizar un documental sigue siendo lo económico, por suerte en nuestro caso  tuvimos el apoyo de la Cooperación Suiza para América Central, de la Asamblea Nacional y del Consejo  de  Comunicación y Ciudadanía del gobierno de Nicaragua. Con ese apoyo hay que hacerse cargo del pago del equipo básico de filmación (camarógrafo, sonidista y productor), alimentación, hospedaje, transporte general, combustible etc. etc. y después la postproducción, edición, traducción del miskito, mayangna e inglés. 

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