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Amor. Lo más importante para la salud y el bienestar de cada ser vivo en el planeta. 

Besos. Prohibidos, certificados, a escondidas o públicos: simplemente deliciosos.

Ceshia. Yo, una amalgama de sentimientos, experiencias y con unas ganas de compartir con el mundo lo que llevo dentro.

Dios. Energía que no se necesita entender para sentirla.

Ecología. Ciencia fundamental para saber cómo adaptarnos a la naturaleza y no ella a nosotros.

Felicidad. Algo que se disfruta en el camino, no una meta u objeto que se alcance. 

Gorda. Una simple palabra que no es para nada un insulto.

Huevos. los como tres veces por semana, al vapor, porque me encantan (solo me como lo amarillo).

Inteligencia. No es sinónimo de ser bueno en matemáticas. Existen diferentes tipos de inteligencia: numérica, musical, emocional, y todas son igual de valiosas.

Juventud. Sin duda, un estado del alma.

Karen. Mi madre, una mujer que admiro por su nobleza de corazón y por romper los estereotipos de la mujer en la ingeniería civil.

Locura. La característica de los sabios. 

Música. Mi vida hoy y todos los días. Medio de comunicación poderoso que transforma vidas y países.

Niña. Lo que nunca quiero olvidar que fui.

Oscuridad. El escenario de las estrellas.

Pintar. “Perderme entre los colores, los olores y el caos de mi estudio”.

Queso. Bastimentos indispensable en mi vida.

Ratón. No son tan malos como dicen, hasta pueden parecer tiernos.

Sueños. Siempre valdrán la pena.

Tortilla. Con queso, exquisito.

Ubau. Mi apellido, una historia curiosa y muchas personas en el mundo con el pelo murruco.

Vida. Única oportunidad.

Wolverine. Nunca vi la película, pero cuando supe que murió me dio cosita.

Xolotlán. Lago melancólico que nos recuerda que del entretenimiento del malecón, hay algo que no está bien.

Yemanyá. La diosa negra hermosa del mar.

Zozobra. Crear belleza desde el caos es virtud (Gustavo Cerati).