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Con solo 29 años tenía el mundo a sus pies tras publicar en 1982 “Thriller”, el disco más vendido de la historia, pero con el álbum “Bad” (1987), que ahora cumple tres décadas de su lanzamiento, Michael Jackson se enfrentó el reto de volar aún más alto y de batir lo que parecía insuperable. 

“Había mucha tensión porque sentíamos que estábamos compitiendo contra nosotros mismos”, explicó el “Rey del Pop” en su autobiografía “Moonwalk”, publicada en 1988. “No importa cómo lo mires, la gente siempre iba a comparar ‘Bad’ con ‘Thriller’. Siempre puedes decir ‘ah, olvídate de Thriller’, pero nadie lo hará”, añadió Jackson, antes de admitir que en el fondo toda aquella expectación era para él “una ligera ventaja” porque su mejor trabajo llegaba siempre “bajo presión”. 

Cinco años tuvieron que esperar sus fans para saborear la continuación de “Thriller”, todo un fenómeno mundial que según el libro Guinness de los Récords continúa siendo el disco más vendido de la historia con 66 millones de copias. El revolucionario video de “Thriller”, un clip que cambió las reglas de la promoción musical, enormes éxitos como “Beat It” o “Billie Jean” y los ocho Grammy para este álbum confirmaron el estatus de gran estrella de Jackson en los años ochenta, a quien solo Madonna y Prince podían mirar a los ojos en esa década sin inclinarse del todo.

Perfección 

“¿Por qué me llevó tanto tiempo hacer ‘Bad’? La respuesta es que Quincy Jones (su legendario colaborador) y yo decidimos que este álbum tenía que ser tan cercano a la perfección como fuera humanamente posible. Un perfeccionista tiene que tomarse su tiempo: da forma, moldea y esculpe esa cosa hasta que es perfecto. No puede abandonarlo antes de estar satisfecho, no puede”, aseguró Jackson. Lo cierto es que en ese lustro entre “Thriller” y “Bad” el cantante no estuvo ocioso, algo nada extraño para un artista que empezó como niño prodigio bajo el paraguas del sello Motown y que vivió su juventud sin retirar el pie del acelerador. 

En 1984 regresó con sus hermanos Jackson para editar el disco “Victory”, en 1985 escribió a cuatro manos con Lionel Richie el ‘single’ solidario “We Are The World”, y ese mismo año adquirió el lucrativo catálogo de canciones de The Beatles, una jugada maestra en el campo de los negocios pero también una compra que arruinó su amistad con Paul McCartney. Ya encerrados en el estudio, Jackson y su equipo decidieron que para el nuevo disco querían mostrar una faceta más dura del cantante, más afilada, más directa, tal y como se vio en el clip de “Bad” que, dirigido por Martin Scorsese, enseñaba al “Rey del Pop” enfrascado en disputas callejeras frente a un joven Wesley Snipes. 

“Toda la agitación (en su vida) estaba empezando a amontonarse, así que le dije que pensaba que era el momento de que él hiciera un disco muy honesto componiendo todas las canciones”, afirmó el productor Quincy Jones en una entrevista publicada por la revista Rolling Stone. 

El disco también contó con la colaboración de Stevie Wonder en “Just Good Friends” y sus sesiones de grabación dieron pie a un tema de Jackson cantado en español: una versión de “I Just Can’t Stop Loving You” que, tras la traducción encargada al panameño Rubén Blades, quedó bautizada como “Todo mi amor eres tú». 

“Bad” vendió más de 30 millones de discos y estableció un nuevo récord al colocar cinco ‘singles’ de un mismo álbum en el número 1 de la lista de éxitos, una marca que en 2010 fue empatada por Katy Perry con “The Tourist”.

El disco llevó a Jackson a su primera gran gira mundial, con espectaculares resultados artísticos y económicos, pero este disco también culminó su trilogía de ensueño tras “Off The Wall” (1979) y “Thriller”, y encaminó a Jackson a unos años 90 de escándalos y escasa suerte musical, como si después de haber coronado el Everest ya no le quedaran ganas de volver a escalar ninguna cima más.