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  • EFE

El escritor nicaragüense Sergio Ramírez ganó hoy el Premio Cervantes 2017, el galardón más importante de las letras hispanas y dotado con 125,000 euros (147.500 dólares), según el fallo del jurado hecho público por el ministro de Educación, Cultura y Deporte de España, Íñigo Méndez de Vigo.

Convencido de que el escritor latinoamericano no puede permanecer pasivo ante la violencia, Ramírez cree que "la desigualdad social es la gran raíz de la violencia en América Latina".

Su vida ha estado marcada por la dictadura de los Somoza, la revolución sandinista y sus más de cincuenta libros. No en vano se define como un narrador a tiempo completo y un apasionado de la literatura que ha combinado su vida entre las letras y la política.

Ha dicho en varias ocasiones que ve "el mundo desde los ojos de la literatura" y asegura que su receta es ""trabajar y ver qué sale del trabajo (...), pero trabajar".

"Los libros no se escriben ni en los bares ni en las cervecerías ni en las mesas de los cafés, no se escriben en las pláticas entre individuos, porque eso es desperdiciar el tiempo y las ideas narrativas", aseguró en una entrevista con Efe.

Ramírez nació en Masatepe, el 5 de agosto de 1942, cuando el país estaba gobernado por Anastasio Somoza García, un personaje que inspiraría algunos de sus cuentos y novelas y que lo llevaría a involucrarse en la política.

"Nací bajo el viejo Somoza, llegué a la universidad bajo otro Somoza (Luis Somoza Debayle) y participé en el derrocamiento del último de los Somoza (Anastasio Somoza Debayle) el 19 de julio de 1979. Mi vida está marcada por esta familia dictatorial", contó a Efe cuando cumplió 70 años.

Su paso por la política, dice, fue circunstancial: "pasé por ella porque fue una necesidad tras la revolución sandinista".

Desde muy joven su vocación había sido la literatura (a los 14 años publicó su primer cuento y su primer artículo), pero se metió en la política para librar a Nicaragua de la dictadura de los Somoza (1937-1979).

En 1975 se integró en el Frente Sandinista de Liberación Nacional y tras el triunfo de la revolución en julio de 1979 fue nombrado presidente de la denominada Junta de Gobierno del Frente de Reconstrucción Nacional.

Durante su etapa de vicepresidente del Gobierno (1984-1990) luchó por el restablecimiento de la paz en su país y por el desarrollo económico de Nicaragua. Y dejó la política en 1996 para dedicarse "a tiempo completo" a la que había sido su vocación de siempre: la literatura.

Desde ella, con sus relatos, puede "contar Nicaragua, pero también Latinoamérica".

A Sergio Ramírez, la literatura le sirve "para fijar mojones éticos de referencia" y aunque le parece muy legítimo que un autor no quiera contar lo que ocurre en la sociedad, él siente el deber de no quedarse callado.

Ha recibido galardones como el Alfaguara de novela por "Margarita, está linda la mar" (1998), el Dashiell Hammett (1990) por "Castigo divino" o el Iberoamericano de Letras José Donoso (2011).

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