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Las Spice Girls se reencontraron el lunes con el público madrileño en un único concierto muy festivo en el que hubo pocas concesiones a la improvisación y en el que dejaron dos cosas muy claras: que siguen siendo las reinas indiscutibles del entretenimiento y que Victoria Beckham es un fenómeno de masas.

No fue un concierto de grandes voces ni de coreografías espectaculares, algo que, probablemente, tampoco iban buscando los miles de fans que acudieron para ver en vivo a sus cinco divas.

Y las Spice Girls, que saben mejor que nadie qué es lo que quieren ver sus fans, deleitaron a su público más fiel con un concierto que estuvo dividido en cinco actos y con multitud de cambios de decorados que, por momentos, se asemejó a un gran espectáculo de Broadway en el que las protagonistas rendían un festivo homenaje a la cultura pop noventera que ellas mismas lideraron.

Victoria Beckham, Melanie Brown, Emma Bunton, Melanie Chisholm y Geri Halliwell salieron al escenario veintisiete minutos después de las nueve de la noche. Desde el principio del concierto quedó claro que las Spice Girls ya no son aquellas veinteañeras de dudosa elegancia que difundieron el mensaje universal de “Girl power”. Ahora, estéticamente homogeneizadas por obra y gracia del diseñador italiano Roberto Cavalli, demuestran que el directo ya no tiene secretos para ellas y consiguen disimular sus carencias vocales gracias a un espectáculo milimetrado en el que tienen un gran protagonismo la decena de bailarines que les acompañan.

Después de interpretar “Who do you think you are?”, llegó uno de los momentos más sorprendentes de la noche: Victoria Beckham se puso unas enormes gafas de sol y comenzó a desfilar por la pasarela central del escenario al ritmo de las notas del “Like a virgin” de Madonna. No cantó, no bailó, ni siquiera dijo una sola palabra en castellano, pero en ese instante el público se rindió a sus pies y poca gente pudo contener la emoción de tener ante sus ojos a su Spice preferida.