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El volumen de acusaciones por acoso en Hollywood ha descendido de forma notable, sin embargo, no parece que vayan a perdonar y, mucho menos, olvidar. Los Globos de Oro se han teñido de negro el 7 de enero de 2018, con el fin de mostrar el compañerismo entre todas las actrices que se han sumado o apoyado la iniciativa #MeToo, que denuncia la cantidad de agresiones y abusos sexuales cometidos y silenciados a lo largo de los años.

Los hombres también han participado en el código de vestuario y la alfombra se ha llenado de trajes de muy distintas telas y estilos, pero siempre negros. Aziz Ansari, conocido comediante y ganador del premio a Mejor Actor por comedia y musical gracias a “Master of None” de Netflix, acudió como el resto, añadiendo, además, el pin de Times Up. Y esa decisión fue la que le dio el coraje necesario a una fotógrafa de 23 años asentada en Brooklyn para contar cómo el mismo que acude a los eventos de la esfera pública, como uno más que lucha contra el acoso sexual, la agredió una noche en su apartamento de Nueva York.

En este caso, la denunciante es una persona anónima que no tiene nada que ver con la industria, por lo que ha decidido mantener su nombre en anonimato y ofrecer un alias falso para Babe, el medio que publicó un detallado relato de los hechos. Grace ha sido el nombre elegido para contar lo que ella quiso creer que había sido simplemente una mala cita, pero que en realidad se terminó convirtiendo en una agresión en toda regla.

¿Cómo se conocieron?

Grace acudió a una fiesta de los Emmy en 2017 con una cámara analógica de los años 80. El mismo modelo que llevaba Aziz Ansari aquel día. Ese fue motivo de sobra para conectar e intercambiar números, lo que les dio pie a concertar una cita formal, en un restaurante formal, que no terminó para nada como se esperaba ninguno de los dos.

Así fue el encuentro

A pesar de que ambos comieron y bebieron vino, Grace insiste en que el cómico parecía tener prisa por salir de allí y cumplir con la primera fase de lo que a la chica le terminó por parecer un juego donde ella era la presa. Ni siquiera la dejó terminar. Para cuando ella se dio cuenta, ya la había invitado a subir a su apartamento en una de las mejores zonas de Tribeca.

“En un segundo, su mano estaba en mis pechos”, dice la mujer. Después, él no tardó en desnudarla a ella, quien se sentía incómoda por el ritmo frenético que estaba tomando aquello, y después, quitarse la ropa él. En el momento en que él le avisó que iba a buscar preservativos, ella le pidió que se relajaran, pero él la acuciaba cada vez más.