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Judith Fernández Vílchez reúne hoy una muestra de su obra artística en la Sala Rodrigo Peñalba, del Palacio Nacional de la Cultura. Son esculturas que mezclan las posibilidades del objeto: color, textura, significado, para establecer una comunicación con el espectador,  emocionándolo para volverlo sensible ante temas actuales muy humanos y otros partes de fronteras sin límites de la obra de arte. 

Las esculturas de Fernández, muchas de ellas elaboradas en porcelana blanca, bogando en las  tendencias estilísticas recientes como el arte minimal, o técnicas dadaístas, como el objet trouvé (objeto encontrado), formas puestas para sugerir grandes ideas y conceptos sin la mayor intervención;  nos conllevan a temas como la incomunicación, el amor, la muerte, la fidelidad o temas referidos a los grandes clásicos de la mitología. 

Un medio muy recurrente en la obra de Judith es el uso de textos poéticos, letras de canciones, o referencias emblemáticas de grandes artistas plásticos o poetas del mundo, como Joan Brossa o Jorge Luis Borges, para inspirarse; así como de autores nicaragüenses o grandes obras como el poema “Ventana” de Alfonso Cortés o poemas de Pablo Antonio Cuadra. 

Lo telúrico, el misterio, el trastorno de la imagen a través de la escala exagerada, como la aparición de grandes collares en técnicas de orfebrería como en el cuento de Gulliver, aparecen también representados en las esculturas de Fernández. 

Las obras sugerentes de grandes autores, poemas, canciones, obras de arte, grupos étnicos, objetos artesanales, objetos milenarios, obras homenajes alusivos a grandes de la plástica,  han sido “leit motiv” para una gran parte de la obra de esta autora. 

Son obras que han tenido como “leiv motiv” bien refinadas como la creación artística. Hay obras relacionadas con letras de canciones, y otras que tienen componentes intrínsecos, necesariamente asentimientos personales. Hay una idea de escaleras quebradas,  escaleras que sucumben ante sí mismas o escaleras que lo llevan a ninguna parte y que por supuesto son protestas a la incomunicación humana. 

Judith Fernández Vílchez nació en Ocotal, y vivió su niñez en Telpaneca, el Río Coco o Wanki, gran comunicador y agitador de poblaciones  ha sido al parecer,  en su inconsciente, su maestro. Hay esculturas de esta autora nicaragüense, que ya ha expuesto en Francia, España, Brasil, Guatemala, Costa Rica,  que arrojan un contenido humano social. 

Las esculturas de Fernández Vílchez estarán del 3 hasta el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.