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El escritor cubano Leonardo Padura, premio Princesa de Asturias de las Letras en 2015, agradeció vivir la libertad que proporciona escribir novelas, género de “La transparencia del tiempo”, su obra más reciente. “La novela como género es el reino de la libertad. El cuento debe tener cierta extensión, en el teatro la representación se hace en un tiempo y si escribes guiones para cine las decisiones las toman los productores y los directores; sin embargo, en la novela tú eres soberano”, dijo el autor.

Padura presentará mañana en la capital mexicana la octava pieza de la saga de Mario Conde, un policía amante de la literatura, en la que el personaje razona acerca del paso del tiempo a punto de cumplir 60 años y emprende una investigación en la cual destapa los claroscuros de la sociedad cubana. 

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En 440 páginas, Padura recrea la historia de una virgen negra valorada en millones de euros, robada por maleantes a un compañero suyo de los tiempos de preuniversitario y narra los detalles de una investigación en la que aparecen nuevos ricos cubanos promotores de arte o negociantes, que logran sus recursos económicos con base en la trampa.

Además, el libro retrata barrios habaneros de pobreza absoluta, en los cuales las condiciones de vida son del nivel de una favela brasileña o un barrio pobre de Haití o África.

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Sus recursos 

En novela, el escritor utiliza diálogos contundentes para exaltar valores como la amistad y lamentar la creciente migración de los jóvenes cubanos, muchos de los mejores preparados, cuya libertad Padura defiende, aunque acepta que al partir empobrecen al país.

“Uno de los valores más preciados de la sociedad cubana es su nivel de preparación, educacional, técnico y de desarrollo humano y y si los mejores se van, queda un vacío. Es lamentable, pero es un derecho individual inalienable que cada cual trate de hacer su vida donde decida y de la mejor manera que decida”, apuntó este férreo defensor de las libertades individuales de los seres humanos.

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Padura reconoció ser un escritor de La Habana y se declaró deudor de sus antecesores Alejo Carpentier y Guillermo Cabrera Infante, autores que no nacieron en la capital cubana, pero son los dos grandes escritores habaneros.

“Sin sus lecturas no tendría la percepción literaria de La Habana que tengo. Yo soy un habanero que ve La Habana con cierta perspectiva de distancia porque vivo en la periferia de la ciudad y la fui conociendo desde esa periferia hacia el centro”, explicó. El escritor dejó entrever que pronto sus novelas tendrán momentos duros, porque algunos personajes como Josefina, la entrañable madre de su amigo Carlos, ya tiene 90 años y en algún momento morirá, al igual que otros personajes.