•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

El doctor Humberto Francisco Mendoza Ruiz de Zuazu es especialista en infectología. Nacido en Managua, en 1986 abandonó Nicaragua para ir tras su sueño de convertirse en médico, dejando atrás a sus padres y hermanos, aunque en España tenía a su familia materna.

Estudió su  primer curso de Medicina en la UNAN-Managua, pero luego consiguió una beca que le permitió culminar sus estudios en España, donde reside desde hace 30 años. 

“Me fui a estudiar y me quedé allá, aquí en Nicaragua tengo a mi mamá, hermanos, sobrinos, primos y amigos, por lo que vengo cada vez que puedo”, comparte el médico.

Está casado con una española originaria de Bilbao y tiene una hija que nació en Vitoria, capital del País Vasco.

 Además: La Bicicloteca, el proyecto de un Quijote de Carazo

“Mi hija ha estado varias veces en Nicaragua. A ella le transmito la nicaraguanidad. Ella usa algunas palabras nicas que son consideradas malas palabras y las tiene dentro de su jerga, a sus amigos les hace gracia cuando las usa. En el caso de mi mujer, para ella Nicaragua ha ido de menos a más. Hace unos veinte años el país era menos organizado arquitectónicamente, más caótico, por decirlo de alguna manera, y eso para ella era difícil de asimilar. Sin embargo, se ha ido enamorando a lo largo de estos últimos años, porque ha tenido un reencuentro con un país que ha ido avanzando en varios aspectos”, comparte.

El doctor Mendoza trabaja en un hospital público español y es facultativo especialista en medicina interna en Sanidad de Castillo y León, Sacyl, además de ser profesor de enfermedades infecciosas en la Universidad Europea de Madrid.

Además de sus vínculos familiares, tiene una relación de cooperación con Nicaragua por medio del apoyo de algunos proyectos sociales. Asimismo, actualmente busca impulsar un hermanamiento con la municipalidad de Ávila.

 Te interesa: Nuestras letras de antaño

“Si bien para muchos el primer encuentro con los españoles fue traumático hace más de 500 años, ahora que somos países independientes hay que olvidar rencores, por eso buscamos llegar a un hermanamiento de ciudades y estamos intentando animar a los ayuntamientos de Ávila y a algunos de Rivas, como San Jorge”, comparte. 

Asiduo investigador, decidió dedicar su tiempo libre a escarbar en los anales históricos para descubrir quién era el capitán Gil González Dávila, originario de Ávila, ciudad en la que él reside actualmente.

El fruto de ese trabajo acucioso es el libro “Más allá del Darién”, el cual presentará este miércoles 14 de marzo en el Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra, de Hispamer, a las 6:30 de la tarde.

¿Por qué decidió estudiar Medicina?

Medicina me gustó desde siempre. Desde que era chavalito, tenía una buena relación con mi pediatra, a pesar de que el pediatra a uno le hace pensar que le hará daño por las vacunas, yo siempre iba muy contento y pensé que quería ser como el doctor Báez Díaz. La idea se me quedó fija en la cabeza y no tuve otra idea durante los años de mi secundaria,  hasta que llegué a decidir que entraría a estudiar Medicina.

 De la basura a las estanterías, los libros nunca muere

Empecé a estudiar en la  UNAN, pero hubo una posibilidad de irme con una beca española que me cubría prácticamente todos los gastos y era una gran oportunidad, aproveché que tengo familia allá, porque mi mamá es española, y me marché, así que en 1986 volví a retomar la universidad allá.

La especialidad la hice en Pamplona. Soy internista infectólogo, estuve una temporada en el País Vasco, pasé 9 años trabajando ahí, y desde hace 11 años estoy en Ávila, porque mi mujer, que también es médico, se fue a vivir ahí.

¿Cómo fue el cambio de cultura al momento de emigrar?

Mi emigración fue suave, a diferencia de otros compañeros míos a los que la emigración los llevó a situaciones complicadas de angustia, de falta de medios, de vivir en situaciones paupérrimas y de ilegalidad. En mi caso, como mi mamá es española,  todo fue más suave. 

 Escritor peruano presenta “Hasta que la muerte nos reúna”

El cambio cultural no fue tanto, es cierto que mis dieciocho años de vida los había vivido en Nicaragua, pero tenía raíces españolas. 

Quizás lo más complicado fue la ausencia de mis padres, de mis hermanos, porque una abuela, unos tíos son una maravilla, pero no son la familia y en aquellos entonces la comunicación era complicada, no existían los medios que tenemos ahora como los móviles, el WhatsApp, Internet, no había nada, habían teléfonos pero las llamadas trasatlánticas eran carísimas y solo hablábamos para los cumpleaños o Navidad, es decir, cinco o seis veces en el año.

Pero la verdad los primeros tres años de mi estancia fueron difíciles porque yo tenía familia y no vivía con ellos, vivía en una pensión y la adaptación quizás costó, pero a partir del cuarto año de la carrera el mundo se abrió un poco para mí, ya empecé a hacer más amistades y a partir de ahí todo fue mucho más fácil. También la vuelta a Nicaragua era un poquito complicada, porque estaba el tema del servicio militar, la guerra, el dinero era escaso, así que estuve bastante tiempo sin volver.

España es un país muy agradable, muy fácil de situarse en cualquier parte de su geografía, he vivido en el norte y en el centro, en el sur la gente es más parecida a nosotros, su alegría, su soltura, su forma de hablar.

La verdad yo ya la siento como mi segunda casa. 

¿Qué significa para usted declararse nicaragüense?

Para mí es mi raíz. A veces me preguntan pero también te sentís español y me siento muy a gusto en España, pero a la hora de hablar de un sitio que me ha marcado digo que yo soy nicaragüense y eso en los medios de comunicación de Ávila y en la universidad siempre lo han visto así. Podrían decir hispano-nicaragüense, pero siempre he remarcado que soy nica afincado en España.

Me siento muy nica y todo el mundo lo sabe, se refieren a mí como Humberto, el nicaragüense. 

¿Al momento de emigrar, coincidió con algunos nicaragüenses?

Poco. En realidad Pamplona es una ciudad al norte, muy fría, y los nicaragüenses se suelen quedar en Madrid, Barcelona o alguna parte de Andalucía que el clima es más cálido.

Coincidí con un compañero con el que había estudiado en el Colegio La Salle y fue una gran alegría. Hoy él es médico también y gerente de un hospital en Castilla La Mancha. 

Fuera de él ni en Pamplona ni en Vitoria no he coincidido con nicas. Cuando voy a Madrid es diferente, porque hay una asociación de nicaragüenses, con más de mil integrantes, que hacen eventos y hasta La Purísima. 

Ávila está a 130 kilómetros de Madrid, así que me involucro ocasionalmente a estas celebraciones. No participo tanto como me gustaría.

¿Cómo ha sido su vida como médico en España?

Ha sido muy sencilla, en el sentido de que siempre he querido trabajar en hospitales públicos, no me ha interesado tener consultas privadas o trabajar en hospitales privados.

También me ha gustado mucho la labor educativa, participar en las universidades en formación, soy el director de formación en mi departamento, soy encargado de residentes, soy profesor de enfermedades infecciosas de la Universidad Europea de Madrid, es decir, el mundo académico siempre me ha interesado. 

¿Qué tema aborda en la novela “Más allá del Darién”?

Es mi primera novela y no va a ser la última, porque ya trabajo en otro proyecto. Habla sobre la primera expedición española a tierras nicaragüenses capitaneada por Gil González Dávila, nacido en Ávila. Él fue el primer expedicionario a quien el emperador Carlos V le dio autorización para explorar la mar del sur, o sea el Pacífico y por un problema accidental de que se le hundieron los barcos tuvo que continuar a pie de Costa Rica a Nicaragua.

¿Cómo nació la idea de investigar la historia relacionada con Gil González Dávila?

Siempre me ha gustado la investigación y un día estando en Ávila me encontré un ídolo precolombino nicaragüense y eso me impactó, porque me pregunté qué hacía ahí.

Acercándome al ídolo vi que era una réplica que se había gestionado a través de unos alcaldes de España y que había sido un obsequio del Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica en conmemoración al V centenario del descubrimiento de América y por la llegada de Gil González Dávila a Nicaragua, quien sostuvo el diálogo famoso con el Cacique Nicarao o Nicaragua.

Me puse a pensar que este capitán español había partido de Ávila hacia mi tierra y que yo estaba haciendo el recorrido inverso. Así empecé a investigar como pasatiempo y vi que había un terreno virgen porque no se había estudiado a este personaje.

Consulté con los historiadores y ellos ni siquiera sabían cuál de los cinco Gil González Dávila que ellos manejaban era el capitán, eso fue un reto para mí, descubrir quién era el conquistador que había conocido cuando estudié la historia de Nicaragua en mi primaria.

¿Cómo fue el proceso investigativo?

El trabajo duró varios años, pues como soy médico y profesor, no tengo tanto tiempo libre, pero cuando llegaba a tenerlo iba estudiando los archivos de India y otros documentos que tenían parte de la historia de la Conquista de América. Llegué a recopilar más de 40 referencias en diferentes archivos sobre el capitán Gil González Dávila, inéditas.  

Resulta que además de los 5 Gil González Dávila que conocían los historiadores de Ávila  yo encontré un sexto y un séptimo.  El sexto era realmente el capitán y el séptimo su hijo. Me puse a escribir la historia y en Nicaragua he tenido mucha ayuda, sobre todo de Jorge Eduardo Arellano y de Ramón Valdés, también Jaime Incer Barquero. Todos ellos enriquecieron la obra, que creo es bastante sólida en cuanto a credibilidad investigativa.

¿Por qué decidió escribirla en formato de novela, arriesgándose a que pierda credibilidad la investigación histórica? 

Cuando pensé en escribirla como ensayo, se me vino a la mente que poca gente podría interesarse en leerla cronológicamente, quizás podría ser de interés para investigadores o bibliotecas, pero yo quería llegar a más gente, quería llegar a los habitantes de Ávila y mostrarles que ahí había nacido un personaje con actitudes positivas como conquistador, en cuanto a cierto humanismo y respeto por las tribus, respecto a otros que vinieron a avasallar, matar y robar.

Por otro lado, no hay mucho escrito sobre las culturas precolombinas nicaragüenses y la llegada de Gil González Dávila, ni de Pedrarias Dávila, menos de la segunda llegada española con Francisco Hernández de Córdoba y las batallas que hubo dentro del país entre españoles, que fueron más cruentas que las que sostuvieron con los indígenas. 

Al novelarlo uno pierde cierta credibilidad, porque uno introduce diálogos y algunos personajes o hechos, pero creo que aun así la credibilidad sigue estando bastante salvada, porque al final del libro digo lo que es real y lo que me he atrevido a novelar para hacerlo más agradable y ameno para el lector.

¿Cómo ha sido recibida la obra en España?

En Ávila muy bien, porque es un personaje de esa ciudad que es bastante pequeña y que no tiene gran cantidad de personajes notables, aunque ha dado al mundo español gente de la talla de la propia reina Isabel la Católica y del primer presidente democrático Adolfo Suárez.

Aun así, no está repleta de grandes personajes históricos. El ayuntamiento y los responsables de la cultura cuando se dieron cuenta de lo que yo estaba haciendo me dieron todo el apoyo y  de cierta manera me han adoptado un poco y me han favorecido en la promoción del libro en el área cultural del ayuntamiento y medios de comunicación.

La diputación de Ávila se ha interesado bastante en el trabajo e incluso me han solicitado unirme a su organización cultural, Gran Duque de Alba, porque consideran que este trabajo es importante.

También he presentado el libro en Madrid y en una universidad me pidieron incorporarme al profesorado de las seis, que me permite impartir charlas. Es una forma de hablar de mis dos países.  También está en Amazon y tengo constancia de que se ha comprado en otras partes de España.

¿En qué consiste el segundo proyecto literario en el que está trabajando?

Me llama mucho la atención, la unión que puedo investigar entre Ávila y Nicaragua, y aunque parezca curioso hay puntos de conexión. Uno de ellos ya estudiado es la última mujer de Rubén Darío, Francisca Sánchez del Pozo, quien era oriunda de Ávila, donde está el parque en el que hay un busto de Rubén Darío mirando hacia el pueblo de Ávila.

Hay otra unión muy interesante que es la que estoy investigando. La patrona de Nicaragua, la Inmaculada Concepción de María. Cuenta la historia-leyenda que la imagen fue traída por un hermano de Santa Teresa de Jesús de Ávila, una gran santa, la primera mujer doctora de la Iglesia, mujer revolucionaria de su época.

Según lo que sé, ese hermano vino en medio de una especie de temporal terrible y la imagen no se quería ir. Empecé a indagar desde España y los investigadores de Ávila piensan que eso no puede ser, porque ellos tienen la historia de los hermanos de Santa Teresa y cronológicamente no les encaja que haya aterrizado en ninguno en Nicaragua.

Estuve en El Viejo, hablando con Monseñor Rodrigo Urbina, documentándome y puede ser que realmente un hermano de Santa Teresa haya llegado.

Blasco Núñez Vela es de Ávila y tiene alguna relación con Nicaragua y supuestamente con él vino el referido hermano.  

Hay tres historias paralelas, la primera es la de la Imagen de la Inmaculada Concepción, también la del virrey Blasco Núñez Vela que murió asesinado por los Pizarro y una tercera historia es la de un indígena, esto es imaginación, que busca volver a su tierra.