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La película  “La forma del agua” del realizador mexicano Guillermo del Toro, ganador de los Óscar de este año a la Mejor Película y el Mejor Director, se ha estrenado este fin de semana en los cines chinos con varias escenas censuradas e incluso falsos vestidos superpuestos para tapar desnudos de los personajes.

Esta censura ha sido denunciada por un famoso director chino, Feng Xiaogang, quien en un comentario publicado en la red social Weibo (similar a Twitter) se queja de estos cambios y señala que algunos modifican el argumento de la película.

Varias escenas sexuales son cortadas totalmente o el plano es aumentado para que no se vean algunas partes del cuerpo de los protagonistas, denunció Feng, quien subrayó que la colocación de falsos vestidos superpuestos es una forma de censura que nunca hasta ahora se había visto en los cines chinos. 

Algunos espectadores de este país se han solidarizado con las quejas de Feng, y en redes sociales han publicado con fines humorísticos planos de otras películas famosas en las que personajes con el torso desnudo son tapados con falsas vestiduras negras. 

Directores chinos como el propio Feng Xiaogang llevan tiempo abogando para que su país instaure una clasificación de edades en las películas, con el fin de abandonar la censura generalizada a los filmes que llegan a las grandes pantallas del país.

“La forma del agua”, con cuatro estatuillas en la pasada edición de los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, llegó ayer viernes a los cines chinos, que cada año solo permiten la emisión de una treintena de películas extranjeras con el argumento de promocionar el cine patrio.

El poder del  amor

En un mundo en el que los políticos insisten en “todo lo que nos hace diferentes”, Guillermo del Toro ha querido enseñar “el poder del amor”, que no tiene forma, ni género ni religión. “Rompe todo igual que el agua, se mete por donde puede y toma la forma de lo que toma”, asegura en una entrevista.

“La idea para mí es que dentro de lo monstruoso está lo bello y dentro de lo normal está lo monstruoso. Esta idea no solo está en ‘El laberinto’, está en ‘El espinazo del diablo’, está en ‘Hellboy’, está en ‘Cronos’”, explica el realizador.

Porque el monstruo como figura de redención “es una idea muy religiosa y muy personal” para él.

Lo que se refleja en su cine, repleto de monstruos y criaturas que han demostrado de sobra la gran imaginación de un cineasta que siempre ha sido un hábil mezclador de géneros y que en “La forma del agua” lleva esa característica al extremo.

Es evidente, reconoce, su amor por los monstruos y su combinación con los cuentos de hadas y la estética del horror.

Y aquí ha buscado “combinar lo incombinable: thriller, película musical, película de amor, película de tolerancia, de monstruos, todo junto”.

Algo que hace muy difícil lograr la financiación, pero al mismo tiempo “hace la labor artística muy gratificante”, asegura satisfecho Del Toro.

Y no le han pesado los tres años de trabajo para lograr el diseño perfecto para el monstruo, interpretado por el actor estadounidense Doug Jones.

“La humanidad de la película es lo que finalmente me interesa, pero estéticamente toda la película, el centro de la película, es el monstruo. Y por eso teníamos que crear todo un universo para que ese monstruo respire”, señala.

Un universo estético, el de los años sesenta, que le ha permitido, además, dotar a la película de una atmósfera cargada de colores y de leyendas, con un espectacular reparto en el que están Olivia Spencer, Richard Jenkins o Michael Shannon, testigos de la historia entre Sally Hawkins y el monstruo.