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La escritora española Ángela Vallvey reivindica el feminismo en su último libro, “Cuentos clásicos feministas”, una “reescritura” de once de los títulos más conocidos de la literatura clásica infantil como “La Sirenita”, reconvertida en “La Sirenita y el problema del cuerpo de la mujer”.

“A la mujer se la libera haciéndola dueña de su destino”, asegura en una entrevista con Efe Vallvey (1964), entusiasta de los cuentos clásicos y que ha actualizado estas historias ahondando en la “parte feminista” que todos tienen.

“Tienen ese feminismo de tratar de enseñarles a las mujeres, las niñas, los padres y los educadores cómo sobrevivir en un mundo muy duro en el que a las mujeres no se les trata con cuidado”, apunta la escritora.

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Vallvey reescribe estos cuentos sin que el “amor romántico y acaramelado” trastorne a los personajes, “sino que las protagonistas se convierten en heroínas que descubren el peligro del desamor, del abuso y el desengaño”.

Caperucita Roja

Así, “Caperucita Roja” se convierte en “Caperucita Tall (o sea: alta)”, una adolescente pegada a la pantalla del ordenador para “matar vampiros” que en el bosque no se tropieza con lobos, sino con un hombre de dudosas intenciones.

Porque los “monstruos” que acechan a las niñas y jóvenes en estas historias “no han sido embellecidos y convertidos en monigotes simpáticos, sino que enseñan los dientes y dan miedo de verdad, y son reales, o sea, humanos”, dice Vallvey.

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Pulgarcita

“Pulgarcita y las ganas de soñar”, “La Patita Fea es una chica especial”, “La Reina de las Nieves y el cambio climático” o “Cenicienta y el reality show” son otras de las historias reinterpretadas por Vallvey y que sirven “no para faltarle el respeto a los cuentos clásicos, sino para homenajearlos”.

“Todo el afán de los cuentos es el de transmitir unos conocimientos míticos a los niños, y claro, en aquellas épocas, el matrimonio era como una forma de decirle a la mujer ‘estás a salvo, porque hay un hombre que te va a salvar”, apunta la escritora, a quien se le ocurrió actualizar estas historias en los años 90, indagando en estudios de género.

Esos mensajes “están caducados desde hace mucho tiempo”, añade, y lo ejemplifica citando otro de los cuentos, “La Bella Durmiente”, que ella ha reinterpretado en “El chulazo (hombre atractivo) durmiente”.

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Una historia “espantosa en su origen” que retrata a una mujer “humilde, hermosa y abusada por el caballero que se casa con ella” y que describe “perfectamente la realidad de muchas mujeres” a la que Vallvey le ha dado la vuelta.

“La mujer objeto se ha visto sobrepasada por la historia y las mujeres hemos dejado de ser objetos para ser sujetos. Al ser antes un objeto y ahora convertirnos en un sujeto, varían los términos de la oración y de la historia. Los hombres también pueden ser objetos y en este cuento pasa”, apostilla.

También da la vuelta a “La Sirenita”, que a su juicio es una “metáfora de la mutilación femenina basada en agradar románticamente a un hombre; el amor te hace atentar contra tu propio cuerpo”, sentencia Vallvey sobre esta historia en la que el “paisaje de fondo” lo completa un mensaje ecologista.

La bella y la bestia

Vallvey reconoce que le hubiera gustado “ampliar” el volumen, porque “hay muchísimos cuentos más”, como “La bella y la bestia”: “Hoy en día hay muchas bellas que tropiezan con muchas bestias. La historia tiene un mensaje maravilloso debajo, que no sé si se entiende por la edulcoración de la propia historia”.

Disney, por ejemplo, “embellece muchos cuentos, los adapta a un gusto que es el del siglo XX en el que procuramos que los niños no vean la parte más feroz de esas historias, porque nos da miedo que les dé miedo. Creando niños que no tienen miedo también los convertimos en ignorantes de los peligros”.