•   Estados Unidos  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Músico por afición y artesano de profesión, el ecuatoriano Luis Pinargo ha sabido esquivar el avasallador avance de la industria y rescatar el arte de hacer sombreros con sus propias manos, con las que ha conseguido mantener una antigua tradición familiar y cultural.

A unos 30 minutos al sureste de Quito, la ciudad de Sangolquí, acoge el taller de quien es uno de los últimos sombrereros de la zona y que trabaja en modelos de distinto tamaño y variados colores, muchos de ellos en miniatura.

 Además: Los kimonos tradicionales del Japón moderno

“Aquí en Sangolquí me atrevería a decir que soy ya uno de los únicos que queda. Un hermano también ha aprendido, pero lo lleva esporádicamente”, cuenta Pinargo.

Además, puede fabricar sombreros para imágenes, muñecos o adornos, porque Pinargo tiene la habilidad de adaptar el deseo de cualquier persona y plasmarlo en lo que él denomina “ropa de cabeza”.

Parte de la cultura

Sobre una mesa en la que lucen bajo un vidrio billetes antiguos de varios países, Pinargo cuida cada detalle en busca de la perfección y sobre todo para mantener esta tradición.

 Entre la velocidad y la cortesía japonesas

Para las autoridades de turismo de Sangolquí, de apenas 75,000 habitantes, el esfuerzo y la dedicación de este artista ya son ya parte del sello cultural de la ciudad.

“Somos muy ricos en cuanto a artesanos. Puede ser considerado, sin duda, un personaje icónico”, explica a Efe Samantha Aspiazu, analista de turismo del cantón al que pertenece esta ciudad.

Elaborar sombreros, cuyos valores van de dos a 22 dólares, puede llevar a Pinargo tres o cuatro horas e incluso hasta días, dependiendo de su complejidad.

 Las magnolias de la paz de Hiroshima

“Puedo decir que también soy un compositor, porque tengo 29 temas ya plasmados en un CD”, indica con la misma humildad con la que confiesa que, en el ámbito musical, no es “muy conocido”.