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La versatilidad de Gabriel Traversari parece no tener límites. Además de haber destacado como presentador de televisión en cadenas internacionales, así como modelo y fotógrafo, en los últimos años se ha mostrado como productor de grandes eventos y como escritor. Su libro sobre la selección nicaragüense de futbol y la entrevista con una de las hijas de Anastasio Somoza solo fueron la semilla para que fructificara su veta literaria, que germina en el cuento que presentará esta noche en el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica: “El Niño y el pregonero”. 

Está obra que relata, en esencia, el inadvertido encuentro entre dos jóvenes infantes de mundos desiguales y experiencias de vida diametralmente opuestas, que descubren sin querer la interconectividad humana y las similitudes intrínsecas que los enlazan. “Esta fábula, escrita con un gran lirismo poético y pinceladas pastorales repletas de simbología y misticismo, demuestra que los momentos que más marcan nuestros pasos suelen manifestarse sin previo aviso y de la manera más insospechada”, relata Traversari. 

¿Cuál es el mensaje de este cuento? 

Hay numerosos mensajes. El primero y el más importante es que todo momento vivido, por más intrascendente que parezca, está repleto de significado y que de cada uno de nosotros depende extraer ese significado; darle digno realce al aspecto sagrado de la cotidianidad, del presente mismo que es para el ser humano lo único que verdaderamente cuenta. Así es que se desenvuelve este cuento, un paso a la vez, una palabra a la vez, gracias enteramente a la naturalidad espontánea con que los dos personajes protagónicos guían sus actos y, paralelamente, se dejan ser guiados. El cuento también sirve para comentar sobre los diversos papeles sociales con que nos vemos obligados a identificarnos y como esta inclemente “programación” nos termina robando toda posibilidad de expresar nuestra individualidad y trascender las imposiciones que nos moldean desde que tenemos uso de razón. Al final del día no somos lo que vestimos, no somos nuestro estatus económico ni nuestra educación; somos nuestro dictamen interno, nuestra esenc
ia impoluta, eso que llamamos alma y que escasa vez nos permitimos exteriorizar. 

¿Cómo aborda el cuento el tema de la niñez? 

Trato la niñez, en este caso, como una de las etapas más extraordinarias de nuestro proceso evolutivo, precisamente porque para mí esta misma está exenta de prejuicios, de malicia, de restricciones. Por supuesto, los niños son sometidos a un ordenamiento estructural, pero en la naturaleza de un infante no hay cabida aún para la dualidad, esa que con el pasar del tiempo nos obliga a ver las cosas como buenas o malas. Ese elemento de sorpresa con que los jóvenes viven su vida, ese anhelo por descubrir y saborear cada aventura, sin juzgarla, ni etiquetarla, aun sin entenderla enteramente, es algo maravilloso y algo que con el pasar del tiempo perdemos trágicamente las personas. Los dos niños del cuento son el resultado de sus condiciones socioeconómicas y de sus circunstancias. Uno es el joven medido, cauteloso, protegido, el niño de los “buenos modales”; el otro el chavalito de la calle, el personaje silvestre, perspicaz, pícaro, desinhibido y ese que, a pesar de sus múltiples limitaciones, permanece libre de condicionamientos y excesivo uso de razón. El encuentro entre estos dos seres de realidades opuestas y la comunión que inadvertidamente establecen, pienso yo, es el testimonio más perfecto de la incondicionalidad en todas sus manifestaciones. Retomar esa inocencia, esa actitud reverencial y extemporánea hacia la vida es lo que cada ser humano necesita hacer para completar conscientemente su jornada. 

¿Es un cuento para infantes o para un lector joven? 

Más bien considero que es para todos aquellos que han perdido el contacto con su niño interior, y con esas memorias de juventud que tanto nos marcaron la vida, con esos momentos arquetípicos que alguna vez experimentamos sin saber siquiera cuan simbólicos realmente eran. Es un cuento que no se limita a una sola audiencia, pero tomando en cuenta que la historia es relatada retrospectivamente por uno de los personajes, ya con una perspectiva más acertada de algunos enigmáticos pasajes de su niñez, entonces quizás sus comentarios y elucidaciones sean más aptas para un público con mayor recorrido y erudición. Aunque al final, todo eso es relativo. 

Parte de lo que pretendo decir en este libro es que a los jóvenes jamás podemos subestimarlos, ni minimizarles su capacidad de discernir y valorar sus aconteceres personales. Y que atesorar nuestros recuerdos y rendirles su merecido tributo es tan valioso como las experiencias mismas de donde originalmente estas remembranzas germinaron.

Tome nota

El cuento “El niño y el pregonero” se presenta esta noche en el INCH, Las Colinas, a las 6:30 p.m. entrada libre.