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Y aunque un poco cansada su voz, su corazón y espíritu por la filosofía de la vida, el amor y la fidelidad para con nuestro Creador, continúan firmes, robustos y flamantes en el testimonio de Facundo Cabral. El argentino recorrió 160 países y ha vivido con la libertad que le aconsejara su madre.

Cabral empezó a externar su canto un primero de enero de 1960, ese canto hablado que muchos nicaragüenses tuvimos el privilegio de escuchar y analizar recientemente en la Sala Mayor del Teatro Nacional Rubén Darío. Entre chistes con mucho sentido de la realidad que nadie ve, emitió frases conocidas de sus inicios como cantautor.

Cabral ingería sorbos de agua en una cristalina copa con la cual brindó una vez con el público y agradeció de paso “por Rubén Darío y Cardenal”, refiriéndose al poeta Ernesto, a quienes admira tanto como a sus ídolos Atahualpa Yupanqui y José Sarralde.

Contó muchas anécdotas de sus viajes, sus aventuras, la vida que con su madre y sus siete hermanos experimentó desde pequeño, el abandono de su padre a quien conoció, según contó, cuando cumplió 45 años. Pero nunca dejó de insistir en aquel amor por Dios, aquel interés para que quienes le escuchen reflexionen y sepan que Él no condena, “no es un juez, es nuestro Padre”, repitió incansablemente.

Facundo demostró con mucho esfuerzo, los años que acarrea y que aún así se pueden lograr muchas cosas, seamos pobres o ricos “igual llueve para todos”, señaló. Su retirada del púlpito de la música será para dedicarse a lo que Dios tiene planeado para él. “Dios sabrá lo que tiene para mí”, manifestó con gesto melancólico.

Katia antes de Cabral

“Es un honor para mí”, dijo Katia Cardenal, nuestra cantautora nicaragüense, al referirse a la invitación para abrirle las puertas al concierto de Cabral.

Al lado de María José Ocarina, ejecutando el cajón peruano, y Omar Suazo, en la guitarra, Cardenal atravesó parte de un variado repertorio que incluyó tonadas de su más reciente producción discográfica, “Mariposa de alas rotas”, del cual se desprende el promo del mismo nombre, que no perdió oportunidad de interpretar.

Sentimos y escuchamos a Katia entonar “No te vayas”, “Aunque no fuera para mí”, “Mis heridas”, “Quisiera ser” y “Mi luna”, con esa pasión desgarradora y melancólica que trasmite con la tersura de una voz muy bien educada y el talento nato que trae consigo.

Ella abandonó el escenario y le dio chance a Cabral quien activó a los presentes para ovacionarle.