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El escritor Jorge Volpi, una de las principales plumas de la escena mexicana actual, considera que “la literatura latinoamericana ya no existe como tal” y lamenta que haya un cierto “aislamiento cultural” entre los diferentes países del continente. “La literatura latinoamericana ya no existe como tal (...). No hay esos hilos conductores excepto los que tienen que ver con la historia, pero ya no hay una literatura latinoamericana que sea reconocible por los latinoamericanos”, detalla en una entrevista con Efe.

Agrega que “lo que sí hay es muchas generaciones en activo, muchísimos grandes escritores jóvenes y muchas corrientes distintas (...) en enorme efervescencia” que derivan del “boom” literario que encabezaron autores como Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa, pero que no tienen “ese carácter reconocible” común. 

Volpi (Ciudad de México, 1968), que se encuentra en Colombia con motivo de la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo), es el último ganador del Premio Alfaguara, con su obra “Una novela criminal” (2018).

Para él, este galardón fue una oportunidad de romper con la dinámica de “aislamiento cultural” entre países latinoamericanos, ya que el libro se publicó en todos los territorios a la vez, pero considera que su caso es “una excepción”.

El escritor lamenta que haya una “falta de contacto real cultural” entre los países latinoamericanos, algo que anula la “fertilización” literaria mutua “que debería existir por compartir la lengua y la historia”, pero que contrarresta un “inevitable nacionalismo” y las “condiciones del mercado y de la distribución de libros”. Volpi añade que ver América Latina como un todo, también desde lo literario, “es una visión muy española”: “Ojalá el sueño bolivariano fuera cierto y fuéramos un solo país desde México hasta Argentina, pero no lo somos”. 

En su opinión, una respuesta a ese aislamiento podría estar en la tecnología y concretamente en “el libro electrónico” que permite “tener en Colombia cualquier novela que se publica en México”, pero reconoce que aunque existe “ese instrumento”, el problema “todavía está” presente. 

Volpi, que además de novelas ha publicado ensayos, ha reflexionado ampliamente sobre la tecnología y la ciencia que rodean la ficción, y considera que “la construcción misma de nuestro cerebro es una construcción narrativa”. “Estamos diseñados para contar historias todo el tiempo” y para que el cerebro “no diferencie la realidad de la ficción”, lo que “nos permite vivir la ficción como si fuera real, pero también tiene un peligro”, ya que “es lo que nos permite creer tan fácilmente en la mentira en plena época de las ‘fake news’”.

Advierte que la literatura está mucho más cerca de las nuevas tecnologías y las redes sociales de lo que está comúnmente aceptado: “La propia construcción de la identidad en Facebook es una narrativa no muy distinta de una autobiografía”.     Por eso sueña con que las escuelas tengan lo que él llama una clase “de ficción” donde se mezcle literatura, teatro, audiovisual y nuevas tecnologías, algo que rompería con la “idea jerárquica” de que la “literatura es muy superior” a las tecnologías que están acostumbrados a manejar los jóvenes.

“Todo ello contribuye a que el niño termine por odiar o por no saber bien cómo acercarse a los libros”, agrega.

“El principal problema está en la educación pública (...). No se transmite el placer de la lectura. Seguimos enseñando la literatura como se enseñaba en el siglo XIX”, lamenta Volpi, quien desearía que su disciplina estuviera al alcance de todo el mundo.

El escritor mexicano, quien se consagró con su novela “En busca de Klingsor” (1999), fue uno de los impulsores de la llamada Generación del Crack, un movimiento literario de finales del siglo XX que quiso deshacerse del corsé del estilo de los grandes nombres que situaron el continente en la escena mundial en décadas anteriores, como García Márquez o Julio Cortázar. 

Junto con él, también destacó el mexicano Ignacio Padilla, quien murió en agosto de 2016 de manera repentina tras un accidente.

Volpi, la “albacea literaria” de su amigo, está editando lo que Padilla “siempre soñó como su obra más importante en términos de cuento corto” y que incluirá textos aún no publicados “Estoy cumpliendo con esa petición directa de lo que él hubiese querido hacer”, reconoció el escritor.