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El enlace entre el príncipe Harry y Meghan Markle este sábado en el castillo de Windsor es uno de los grandes eventos en la historia de la familia real británica, y también uno de los más caros.

La Casa Real ya anunció que se hará cargo de los gastos de la fiesta. Por la música, flores, comida y bebida, los “royals” desembolsarán 1.7 millones de libras (unos 1.9 millones de euros /2.3 millones de dólares), según los cálculos de la app de planificación de bodas británica Bridebook.

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Pero el mayor gasto serán las medidas de seguridad, y ese dinero saldrá del bolsillo del contribuyente. Hace poco se supo que en la boda del segundo en la línea sucesora, Guillermo y Catalina en 2011, se gastaron 6.3 millones de libras por la actuación policial.

Los medios británicos creen que en el caso de Harry y Meghan podría ser incluso más, porque el riesgo de atentados terroristas ha aumentado y ha habido amenazas racistas contra la novia por ser hija de una mujer negra.

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Graham Smith, portavoz del grupo Republic, que quiere la abolición de la monarquía, exige que sea la Casa Real la que pague los costes. “Al final es un matrimonio privado, y si lo quieren celebrar en Windsor en un estilo que incluye la afluencia de masas y medidas de seguridad, entonces deberían pagarlo ellos”, dijo al Belfast Telegraph.

Su vestido de novia y al parecer la luna de miel corren a cargo de Meghan. Los expertos de Bridebook calculan que serán 137,000 euros (164,000 dólares) por el viaje y 343,000 euros por el vestido.

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Entretanto, se empezaron a conocer los primeros regalos, que la pareja pidió que llegaran en forma de donaciones. Nueva Zelanda anunció la entrega de 5,000 dólares neocelandeses (unos 2,900 euros) a la Fundación Pillars, que se ocupa en el país de los hijos de personas que están en la cárcel.

La reina Isabel II sigue siendo la jefa de Estado de Nueva Zelanda, una antigua colonia británica. El dinero para el regalo sale de las arcas del Estado.